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Cospedal abre un debate muy incómodo para la jerarquía eclesiástica

La ex secretaria general del PP y expresidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, ha abierto un debate relacionado con la Iglesia que no va a pasar desapercibido. De hecho ya ha sido recogido por medios nacionales como El Independiente, que se ha hecho eco de su último artículo en la revista Yo Dona. De no ser polémico lo que dice, el artículo hubiera pasado desapercibido sin más.

Y es que en este caso, Cospedal aboga por el sacerdocio femenino mientras critica que esta cuestión se trate como un asunto «menor, pintoresco y exagerado» provocado por un reflejo «claramente machista», tal como recoge El Independiente, sobre el artículo titulado «Mujeres sacerdotes, ya es hora».

Cospedal lamenta que cuando se habla de «crisis de vocaciones» no se abra de verdad el debate respecto a que la misma se puede resolver «permitiendo la ordenación de mujeres sacerdotes», impedimento que es, a su juicio, un «disparate monumental y una injusticia manifiesta que por su reflejo claramente machista provoca el rechazo de tantas mujeres jóvenes a los postulados de una Iglesia que, como de muchas ellas, es la mía».

En vez de eso, dice, la jerarquía eclesiástica prefiere sondear la opción de ordenar a hombres casados, al menos para zonas remotas donde hay falta de sacerdotes. Esto es, romper la regla del celibato, «que no es un dogma de la Iglesia», sostiene,

Cospedal también ataca el celibato de los sacerdotes. Dice sobre el fin del celibato cómo muchos piensan que los sacerdotes podrían ejercer mejor sus funciones y se evitarían muchos casos de «ruptura» de la regla. Sin la exigencia del celibato cree que «desaparecerían perversiones que con demasiada asiduidad se han dado en los sacerdotes de nuestra Iglesia con relación a sus fieles». Y sin citar directamente la pederastia recuerda «el comportamiento más abominable por la situación de poder e influencia psicológica y moral sobre el agredido».

Como decimos, la opinión de Cospedal en torno a estos temas de la Iglesia, a los que no se había referido públicamente en estos términos con anterioridad, no pasará desapercibida. El recorrido de esta opinión, de alguien a quien se recuerda en el imaginario popular con mantilla y peineta  en el Vaticano y en las procesiones del Corpus, está por ver, pero en cualquier caso ahí queda para la hemeroteca.

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