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El futuro incierto del castellano-manchego más influyente del PSOE andaluz

La secretaria general del PSOE-A y candidata a la reelección como presidenta de la Junta, Susana Díaz, llegaba al hotel de Sevilla en el que iba a seguir el escrutinio de las elecciones autonómicas celebradas este domingo acompañada de sus dos colaboradores más directos: El secretario de Organización del PSOE-A, Juan Cornejo, y el secretario general de la Presidencia de la Junta, el castellano-manchego Máximo Díaz-Cano. Una triste noche para ellos en la que las urnas dieron un vuelco histórico a la situación política de Andalucía tras casi cuarenta años de predominio absoluto del Partido Socialista.

Los últimos tiempos han sido horribles para Susana Díaz y para sus más cercanos colaboradores. Tras el viaje de ida y vuelta de Pedro Sánchez, que le supuso a la lideresa andaluza una derrota en toda regla en las primarias, Díaz ha sido testigo y ha tenido que apoyar la investidura de Pedro Sánchez tras la moción de censura del PSOE contra Rajoy con el apoyo de los partidos independentistas catalanes, de la extrema izquierda de Podemos y de los herederos políticos de ETA, uno de los factores que más han influido en los resultados electorales de este domingo en Andalucía. Y Susana Díaz lo sabe, por eso se resiste a dejar el PSOE-A en manos de la dirección federal que encabezan Sánchez y Ábalos. No se considera la única culpable de la derrota. Ni mucho menos.

Si alguien ha sufrido junto a Susana Díaz las consecuencias de toda esta cadena de reveses ha sido Máximo Díaz-Cano, que además ha tenido que soportar el procesamiento de su amigo y mentor político en aquella comunidad, el expresidente José Antonio Griñán, por el caso de los Eres. Díaz-Cano es un magnífico asesor político y lo ha demostrado a lo largo de su dilatada carrera política, aunque a la larga sus apoyos parecen tocados por la mala suerte. Le ocurrió en Castilla-La Mancha con Barreda –no hay más que recordar su grave error en el incendio de Guadalajara de 2005 o la posterior trayectoria del PSOE castellano-manchego hasta llegar a las elecciones de 2011-, volvió a ocurrirle con Griñán y le ha pasado de nuevo con Susana Díaz. En este caso por partida doble: En las primarias del PSOE y en las autonómicas del 2-N; en ambos casos la presidenta andaluza ha salido mal parada.

Si tal como parece, Susana Díaz es desalojada de la Presidencia de la Junta de Andalucía el futuro político y laboral de Máximo Díaz-Cano quedará en el aire cuando aún le quedan siete años para la jubilación. Es difícil que pueda volver a presentarse en alguna lista electoral en Andalucía, y mucho menos en Castilla-La Mancha, por lo que lo más probable es que se vea obligado a volver a su trabajo como funcionario de la Junta de Comunidades, que fue donde empezó la actividad sindical que le abriría las puertas a la política. Pocos políticos en nuestra región tienen la experiencia de Díaz-Cano, sobre todo en el trabajo imprescindible de fontanería, en el que siempre se le ha considerado un verdadero maestro. Otra cosa es que alguien esté dispuesto a tirar de su experiencia, conocimientos, contactos y habilidad. Por el momento resiste en Sevilla junto a Susana Díaz.

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