08 de diciembre de 2019
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Diez Negritas

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CLARA MESONES

García Molina pierde uno a cero, odisea conquense de Puigdemont y apunten el nombre de Orlena de Miguel

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Orlena de Miguel

Vaya, hombre. A este chico José García Molina, vicepresidente segundo podemita del Gobierno socialista de Castilla-La Mancha, no le gusta que los periódicos le revienten las sorpresas. Se las guarda pasa agasajar a su público y que nunca se apague la llama farandulera y colorida que les mantiene sobre el escenario. Es lo que tiene el mundo del espectáculo, que es muy dado a la escenificación y hasta las improvisaciones estos chicos las llevan ensayadas al milímetro. Este lunes se ha quejado García Molina en el Twitter de que este digital le ha pisado la noticia de su cameo en "Tiempo después", la última película del gran José Luis Cuerda, en la que el vicepresidente de la Junta y líder regional de Podemos hace un papelito en un par de secuencias o tres, a mayor gloria del cine mundial. El reventón de la sorpresa le ha llevado a García Molina a escribir un tuit, entre irónico y molesto, contra nuestro periódico, del que se honra en ser un gran lector y nosotros se los agradecemos: algo así como que para una vez que decimos la verdad, le rompemos la sorpresa. Bien, está. Le vamos ganando uno a cero.

El caso es que, siendo curioso el dato de que sale en la película de Cuerda el vicepresidente segundo de la misma institución que ha puesto un pastón de dinero público para el proyecto, lo realmente alucinante es la arrogancia de quien piensa que una simple anécdota que no pasa de chascarrillo, como es la presencia de García Molina en un rodaje, puede tener alguna vez y para alguien la categoría real de "sorpresa" o siquiera "sorpresilla", que está en un nivel de las emociones mucho más arriba. Recuerdo haberle oído al propio Cuerda explicar que en sus películas siempre deja que cualquier interesado se haga un par de pases, por aquello de su minuto de gloria y tal, y eso García Molina, el hombre, lo ha querido elevar a la categoría de noticia futurible de mayor alcance. O sea, arroz inflado y gaseosa. En el Gobierno de Emiliano García-Page, lo sé, la irrupción castellano-manchega del partido de Pablo Iglesias está siendo un espectáculo: este de verdad que sí.

Que se lo digan, si no, al bueno de David Llorente, el "otro" diputado de Podemos en Castilla-La Mancha y ahora ya proscrito y políticamente fuera del partido, por anticapitalista y señalado por el propio Iglesias, que a esta gente les tiene una manía que los quiere a todos en la calle. Puro leninismo 2.0. Es verdad que Llorente lleva unas cuantas semanas diciendo frases alucinantes de 140 caracteres sobre la República Catalana y tonterías del calibre, y que tal vez ni él mismo entiende lo que quiere o no decir, pero su ostracismo de hoy en día en Podemos Castilla-La Mancha ya viene de lejos y tiene que ver con la incompatibilidad de caracteres con García Molina y toda su gente. Cada vez entiendo menos que Llorente siga apoltronado en su escaño de las Cortes, silente, parado y calladito, y pierda cada día la oportunidad de seguir dando su batalla en la calle. Donde siempre.

En fin, que la encuesta de hoy de Sigma 2 para El Mundo planta muy clarito el escenario político que está dejando en España la crisis catalana. Todos en ascenso y Podemos que se hunde, con el PP como primero de fila y el PSOE y Ciudadanos en racha creciente. Este panorama, trasladado a Castilla-La Mancha dentro de año y medio, puede darnos mucho qué pensar. Apunten este nombre de futuro en la libreta colorá: Orlena de Miguel, líder regional de Ciudadanos y previsible candidata a la Presidencia de la Junta de Comunidades en mayo de 2019. Imagino que tendrá mucho qué decir y que el panorama puede cambiar significativamente con ella. Oiremos su nombre de aquí en adelante, lo verán.

Y no me resisto a terminar con la odisea conquense, o sea de Cuenca, de ese genio de la política y la vida que es Carles Puigdemont, Puchi para los amigos. Toda España le recuerda este martes por la mañana, tras su carcajeante y surrealista exilio político en Bruselas, el maravilloso estribillo de ese conquense universal que es José Luis Perales y que todos llevamos en nuestro imaginario cantarín: "Y se marchó...!". Adiós Carles, adiós, a tu barco no podrás llamarle libertad: tan solo cobardía e ignominia. Este tío es probablemente el peor político de la historia, con perdón de tantos del pasado, del presente y del futuro. Mariano Rajoy, el hombre tranquilo, el tío que más se parece a España, debe estarle a día de hoy especialmente agradecido: ya veremos, pero si el 21 de diciembre todo sale bien, Dios mediante, la jugada habrá sido perfecta. Ojalá: María Dolores de Cospedal también reza por ello.

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