25 de noviembre de 2017
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Diez Negritas

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CLARA MESONES

Rajoy en las portadas, Cospedal como ser de lejanías, feliz García Molina y la culpa de un señor de Cuenca

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María Dolores de Cospedal

Triste día este 1 de octubre. Aciago para España y peor aún para Cataluña, tan huérfana y tan enfrentada. Pobre. La única culpa del show separatista de este domingo, infausto espectáculo de bochorno y vergüenza, es del irresponsable Gobierno catalán de Carles Puigdemont, pero acabo de darle una vuelta a toda la prensa nacional y hay un protagonista mayor de la jornada: Mariano Rajoy, presidente del Gobierno. Está en todas las portadas y los editoriales, en todas las imágenes y las televisiones, en los digitales y en las tertulias. A Rajoy se le achacan dos o tres cosas especialmente significativas: incomparecencia del Estado en Cataluña y haber caído en la trampa vil de la Generalitat para dar la vuelta al mundo con imágenes de cargas policiales de la Guardia Civil y la Policía Nacional. También se le reprocha al presidente desde los medios haber perdido por goleada todas las batallas de la propaganda que tan eficazmente ha librado el separatismo para sus obscenos intereses. Una pena.

Veo al Gobierno tocado este 2 de octubre y a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, marcada por una jornada que ella tenía entre sus responsabilidades y que se abordó desde Moncloa con distancia, con ingenuidad y con una estructura de comunicación chapucera y tal vez improvisada. Al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, le torearon desde la Monumental y eso que ya estaban suspendidas las corridas. El estilo de Rajoy, pasar de largo y de perfil, no vale en un asunto encendido como el de Cataluña, posiblemente ya sin vuelta atrás. Esta semana Puigdemont y Oriol Junqueras, hoy felices tras su infame mascarada, quieren proclamar ya la independencia y ahora sí serán necesarias decisiones graves que provocarán más y más tensiones. Dijo el gran José Ortega y Gasset que el problema catalán no se puede resolver, sólo conllevar, pero tal vez hemos llegado a un punto de no retorno en el que ni siquiera eso. Este lunes por la mañana estallan los titulares y las ondas y Rajoy no puede ya mirar para otro lado. Toca liderar.

Y en estas aparece un señor de Cuenca y algunos medios también le cargan con las culpas. Félix Sanz Roldán, general conquense director del Centro Nacional de Inteligencia, aparece señalado en rojo en algunos medios como uno de los responsables del "fracaso" del Estado y, aunque tal vez sea mucho decir, algo de razón deben tener cuando se supone que está al mando de uno de los mejores servicios de información del mundo y la farsa de las urnas se ha montado con los Mossos cruzados de brazos y las Fuerzas de Seguridad españolas dando mamporrazos en los telediarios. No sé si es casualidad que Sanz Roldán y su CNI funcionen a las órdenes de Sáenz de Santamaría, pero de pronto caigo, además, en el silencio elocuente de las últimas semanas de María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa y líder del PP de Castilla-La Mancha, tan mirando este espinoso asunto en forma de ser de lejanías. Como debe ser, digo yo, en una ministra de lo suyo.

España, en fin, vive triste este lunes y en Castilla-La Mancha un vicepresidente segundo del Gobierno regional, el moradón José García Molina, lo estará un poco menos tras la perfomance de ayer que ha hecho tan feliz a Junqueras, al que se fue a apoyar el otro día en Barcelona y tan sonrientes y curretes aparecieron en las fotos. Que García Molina forme parte del Gobierno socialista de Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha es un contradios que alguien algún día tendrá que explicarlo bien. Donde sea.  

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