12 de diciembre de 2019
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El Alcaná

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JAVIER RUIZ

Tahúr del Misisipi

Alfonso Guerra llamó a Adolfo Suárez tahúr del Misisipi en los albores de la gran victoria socialista del ochenta y dos. Eran los tiempos en los que la UCD se descomponía y todo valía con tal de arremeter contra quien había sido uno de los artífices de la Transición. Guerra negó siempre esa afirmación que alude a los maestros del juego y la mafia que surcaban el Río Misisipi en aquellas travesías de primeros del siglo XX donde podía suceder cualquier cosa. El tahúr era una profesión como otra cualquiera, heredera del Medievo y los pícaros del Renacimiento. Consistía su ejercicio en desplumar al rival en el juego de los naipes, dentro de sus más diversas variedades. La política actual, uno de cuyos grandes errores y lastres es que ha devenido en mero tacticismo, se ha descubierto como una gran partida de mus, donde todo el mundo va de farol. Parece mentira que un hombre avezado como Sánchez haya jugado tan mal sus cartas e Iglesias le haya visto el órdago a la grande que le echó la pasada semana.

De esta forma, llegamos a una investidura tras la que puede formarse un gobierno mucho peor que el anterior. No ya Frankestein, sino directamente el Hombre Masa o Freddy Crugger, cuyas garras afiladas devorarán cualquier capacidad de ahorro de los españoles. Desde los tiempos de Negrín y Largo Caballero, no teníamos comunistas en el Gobierno. Qué alegría para nuestro bolsillo, que ya se pone a bailar desenfrenadamente. Aunque Iglesias no esté en el Ejecutivo, puede estarlo su pareja, con lo que las decisiones del Consejo de Ministros y su oposición correrán a menos de medio metro de almohada. Para colmo, hemos convertido a Iglesias en exponente del martirologio nacional, algo que no le importa demasiado al propio Coletas desde las vistas de su chalet de Galapagar. Qué hemos hecho los españoles para merecer esto.

Está clara la soberbia de Sánchez y su incapacidad para el pacto. Su manual de resistencia es una concatenación de batallas, donde todas se libraron con los puños y ninguna con el diálogo, la cesión o el acuerdo. No ha hecho ni un sólo gesto para atraerse el voto de otras opciones que no sean las mismas que precipitaron las elecciones, aunque no descarto ningún escenario o sorpresa de última hora. Dicen que incluso el PP podría abstenerse en un gesto de responsabilidad de Casado, que también le ayudaría a salvar sus propios muebles de momento. Hace un año de su elección y todavía le queda travesía por recorrer.

La gran decepción ha sido Rivera y Ciudadanos. De qué sirve un partido si no es capaz de ser útil a su país. Qué tortura china, qué castigo divino nos hemos merecido los españoles para que no pueda formarse una mayoría estable entre Psoe y Ciudadanos que solventaría de un plumazo la mitad de los problemas de este país, comenzando por el separatista. Rivera ha enloquecido, no parece ni sombra de lo que es. Perdió su opción de ser presidente del Gobierno y el rencor lo atenaza y reconcome como a cualquier héroe trágico de las obras de Shakespeare. Por vez primera en mucho tiempo, el destino de España no dependía de ninguna fuerza separatista. Y quienes debieran haber llegado al acuerdo y el entendimiento para que esto sucediera, no han sido capaces de hacerlo. Da igual la promesa contra el sanchismo y la madre que parió al sanchismo. Un partido de centro lo es si no tiene cordones. Y, por supuesto, no sería la primera vez que Ciudadanos sacrificara su palabra por la estabilidad de España. Las lágrimas, para cuando estés solo, Riverita, como diría Bernarda Alba. Qué enorme decepción con Ciudadanos, que ahora tendrá que explicar cómo echamos a Sánchez y su gobierno monstruo, si es que tiene alternativa.

Me dicen que el PP podría abstenerse o parte de sus diputados. Sería un ejercicio de responsabilidad que dejaría a Casado en un buen lugar. La flor de Sánchez no se ha marchitado aún, aunque presenta tonalidades pálidas. Ha perdido la batalla de comunicación con Podemos, pese al gurú Redondo. Pero no se ha solventado la guerra. Pedro tiene ante sí la última oportunidad para demostrar cuál de todas sus versiones es la buena. Las nuevas elecciones las carga el diablo y las cartas ya están dadas. La izquierda se moviliza, pero también se abstiene. El tahúr de Moncloa recuerda que el dueño de la baraja sigue siendo él.

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