17 de septiembre de 2019
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El Alcaná

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JAVIER RUIZ

El arte de la prudencia

Las elecciones generales demuestran que lo que escribió Gracián en el siglo XVII sigue vigente cuatro siglos después. Lo dije al inicio de la noche con los compañeros de CMM y lo repito al final, es el tiempo de la prudencia. Nadie preveía un escenario en el que los escaños de Psoe y Ciudadanos pudieran sumar para conseguir una mayoría absoluta. Y, sin embargo, ha dado. Lo que ni Sánchez ni Rivera querían se ha producido. Ahora es el momento de rectificaciones. O no, que diría Rajoy. Pero una gran mayoría de españoles que se identifican con el centro, no entenderían que Psoe y Ciudadanos no pudiesen acordar determinadas cuestiones básicas. Si Sánchez prefiere seguir por la vía Frankestein, su manual de resistencia y la siete vidas de gato que atesora comenzarán a volverse en contra.

El pacto entre Ciudadanos y Psoe no lo veo tan lejano a priori, si ambos consideran que están en una posición de ventaja de cara a un enemigo o adversario común, el PP. El batacazo del partido histórico de la derecha es de unas dimensiones colosales. Casado paga ahora una factura a cobro revertido que le deja la cuenta con telarañas. La corrupción ha carcomido al PP y es ahora cuando se ven las consecuencias. La caja be llega en diferido a la cuenta de Casado. La guerra civil abierta en la derecha es de las dimensiones de la Beltraneja, entre los puros y espúreos. Abascal es un grano que no tiene pinta de aflojar, por más que las expectativas no se hayan colmado.

Sánchez y Rivera no pueden verse, pero están condenados a entenderse. Los dos han jugado con la aversión al otro y ahora les toca hablar o, al menos, allanar al camino. Dejemos el Falcon y el bazar. Si Ciudadanos considera que se aúpa con el cetro del centro derecha, está en condiciones espléndidas de plantear una grosse koalition como los germanos. Si Alemania puede hacerlo, por qué los españoles no. Seamos europeos de una vez desde los tiempos de Carlos V. Y, si hace falta, que echen mano de Gracián y su arte de la prudencia. Los que no lo hicieron, como los marqueses de Galapagar, ya están pagando las consecuencias.

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