El Alcaná

El Alcaná


Javier Ruiz

Empatía con los animales

Es el nombre del nuevo bodrio educativo que ha alumbrado la izquierda de este país. Debe ser para familiarizarnos y tratar debidamente a los Otegi, Rufián y compañía, socios preferentes del Gobierno. Ya tenemos sobre la mesa el destino orwelliano que se adivinaba en Rebelión en la granja. Humanicemos a los animales y animalicemos a los hombres. Un perrito tendrá más derechos que un no nacionalista en Euskadi o Cataluña y qué decir de un señor de derechas. La progresía era esto. Y los presupuestos generales de la infamia, claro. Efectivamente, la derecha no volverá a gobernar España en los próximos diez años como dice Iglesias. ¡Pero a qué precio!

El problema de que el Gobierno de España haga depender su proyecto político de una formación como Bildu, que no ha condenado el terrorismo de ETA, es que legitima su lucha armada y los resultados obtenidos. Si hemos llegado hasta acá y nos reconocen, es que el método fue válido, pensarán, y podremos utilizarlo de nuevo cuando nos interese. Quienes sostienen que ETA fue derrotada por el Estado dicen solo parte de la verdad. Bildu sería un interlocutor político válido si hubiera abjurado del terrorismo y ese Estado que dicen que ha ganado se hubiese encargado de deslegitimar su proyecto político con un proceso parecido al de Nüremberg. Pedimos pureza de sangre al PP con Franco y a estos, que mataron hace dos días, les dejamos que cuenten la historia a su manera y que reciban como héroes a los asesinos. Cojonudo.

La miseria moral de los votos de Bildu estriba en que se ha blanqueado, sin coste alguno que no sea más que la propia cárcel de cualquier Estado de Derecho que quiera defenderse, todo su pasado de apoyo a una banda criminal. La operación de Sánchez ha sido mefistofélica. Con el espantajo de Vox, uno de cuyos fundadores fue Ortega Lara, enterrado en vida por esta gentuza, movilizó a los reservistas de los brigadas moribundos y se blindó en Moncloa. Con el argumento de que había que conjurar el fascismo y el no pasarán, ha dejado pasar hasta el tuétano del Estado a los fascistas del tiro en la nuca y el hacha y la serpiente. Que nadie se engañe ni lo engañen. La marca del fascismo es la violencia; lo demás, construcciones sintácticas y argumentos bizantinos. A la madre de Abascal le atacan el negocio y a los etarras los acercan y reciben como héroes. Las víctimas, fascistas; los verdugos, demócratas. Muy bien, presidente. No sé cómo no escribe usted una novela. Conozco buenos negros.

La operación propagandística de la Moncloa quema toda la madera para que ardan las calderas de la intoxicación y la infamia. Sus voceros se permiten ya el lujo de llamar fascistas a los barones. Al suelo, que vienen los nuestros y serán por los primeros que empiecen. La comparación de Ábalos con la Transición sonroja, porque entonces se construía entre todos y ahora se derruye, separa, lamina y excluye entre unos pocos. Además, se hizo de abajo arriba y no al revés. La calle elevó al Parlamento lo que era normal, la concordia; y sin embargo, ahora el Parlamento desciende a la calle la crispación y el odio. Sigan haciéndose trampas al solitario.

El otro día discutíamos en la radio si el apoyo de Bildu era legal y democrático. Legal lo es; democrático, no. ETA luchaba por la democracia del pueblo vasco y Franco organizaba elecciones. La palabra democracia, de tan bella, ha sido bastardeada por quienes más la ultrajaron. Pablo Iglesias, que no es tonto, dice que él no podrá defender nunca el término “dictadura del proletariado” porque no tiene un pase, aunque sea lo que pretende y a lo que aspira como buen marxista. La palabra dictadura no es vendible, dice. La democracia, sí. ¡Apropiémosnosla! Pero claro, la democracia representativa de Tocqueville y Montesquieu. No la democracia de la república popular china, alemana o rumana. Ni siquiera la griega, que colapsó, por su funcionamiento y carácter directo. El comunismo no es democracia por más que se pongan.

Con la excusa de laminar los toros en tanto que expresión cultural de la nación española, sacarán esta basura de nuevo para adoctrinar en las clases y aborregar a los niños. No sé en qué momento la izquierda abrazó la agrafía y la ignorancia, cuando la mayor parte de los creadores de la Cultura han venido casi siempre de su ámbito. No me lo puedo explicar, como dijo alguna vez el propio Muñoz Molina, poco sospechoso de nada. La Logse fue el comienzo de una decadencia que llega a nuestros días. Empaticemos con los animales. Los perros conseguirán el derecho a voto pasada la pandemia.

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