19 de septiembre de 2019
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El Alcaná

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Javier Ruiz

Un gobierno tranquilo

Emiliano García-Page ha dado a conocer este domingo la composición de su nuevo gobierno, en el que destacan las incorporaciones de Blanca Fernández, Rosana Rodríguez y José Luis Escudero. El resto de consejeros continúa, con la incorporación de Nacho Hernando al grupo y la salida voluntaria de Ángel Felpeto, que ha rendido los mejores servicios al presidente durante los últimos años. Un gobierno predecible y continuista, dos de los mejores calificativos que pueden utilizarse para los intereses verdaderos de la ciudadanía, harta de peleas, rencillas, revueltas, mesías y salvadores. La política es mucho más que eso; se trata del noble arte de lo posible para mejorar la vida de las personas. El resto son fuegos artificiales y pólvora mojada.

Emiliano García-Page es de los pocos políticos españoles que gozan de una mayoría absoluta, ganada a pulso por méritos propios y errores ajenos. De Mariano Rajoy decían que era demasiado previsible, como si eso fuera un demérito en la gestión política. Eso lo dicen, claro, aquellos que no saben lo difícil que es ganarse un euro en la calle y han estado toda su vida a la sombra del presupuesto. La empresa quiere certidumbre y estabilidad para generar riqueza y empleo y lo que menos desea son adonis que busquen el engreimiento y el adanismo, aparte de la confrontación. El último que lo hizo en esta región fue Molina y todavía no divisamos la Harley. Que tomen nota los de arriba por si les interesa.

García-Page tiene en su mano, junto a su grupo de fieles, dar el impulso cierto y verdadero que necesita esta región para converger con otras que tradicionalmente nos han sacado varias cabezas. La autonomía le sentó bien a Castilla la Mancha, pues por lo pronto, la hizo existir. Antes era tierra de paso y apenas pintaba nada. Frases de Bono como “si no para, no pasa”, en referencia al Ave, dieron a esta región carta de naturaleza. Años más tarde, el debate del agua va por un camino parecido, aunque de difícil solución. Pero si no es por la autonomía, el agua se va a espuertas hasta secar la llanura.

Así las cosas, García-Page tiene ante sí la gran oportunidad de su vida para alcanzar el olimpo de políticos que marcan y dejan su impronta en aquellos sitios donde gobierna. En Toledo lo hizo con la Abadía, pero no le fueron reconocidos sus méritos con una mayoría tan apabullante como la que ahora tiene, si bien escapó al tsunami Zapatero. Emiliano debe concentrarse en hacerlo bien con un equipo hecho a su imagen y semejanza. Siempre dije que alguien con poder se define por la elección que realiza de quienes lo rodean. Y hasta ahora, ha acertado buscando un equipo humilde, trabajador y leal. Por delante, un doble reto, difícil, complicado, jodido y cabrón. Pero por eso es un reto. Modernizar verdaderamente la comunidad autónoma, como decía antes, y sostener la antorcha de la socialdemocracia clásica de toda la vida frente a un Pedro Sánchez, guiado por el oportunismo y las ganas de mandar. El Psoe, en la actualidad, es el partido más importante de España. Hace poco me decía un dirigente lúcido que los consejos de ministros y los de gobierno se harán en los comités regionales o federales de los socialistas. Y, en parte, tiene razón. La guerra civil abierta en la derecha y la ceguera de sus mandatarios que van derechos al queso que les pone el Psoe, como roedores a la ratonera, hace que con menos diputados, los socialistas puedan acumular un poder omnímodo, que ni González en el 82. Desaparecido Rubalcaba y González dándole al género epistolar, Emiliano es depositario de la más noble y mejor tradición socialdemócrata. Su mayor tarea aún está por escribir. Por lo pronto, que repase la trayectoria de Bono para no caer en sus mismos errores cuando se acerque la hora.

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