El Alcaná

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Javier Ruiz

Los ayuntamientos y el oro de Moscú

Cuando Milagros Tolón me explicó el acuerdo al que habían llegado en la FEMP con el Gobierno de España, no lo llegué a entender muy bien. Estaba contenta porque permitía por vez primera desde la crisis anterior que los ayuntamientos pudieran gastarse parte de sus ahorros en inversiones para la ciudad. Montoro y el PP decidieron bloquear en su día las cuentas municipales después de la crisis de las facturas en los cajones. No pudieron meter mano a las autonomías, con excesivo poder siempre, pero sí a los ayuntamientos. Y para que no volviera a ocurrir lo de dejar a los proveedores colgados de la brocha, decidieron cerrar la caja de los caudales. Una y no más, Santo Tomás, vino a decir entonces Rajoy.

La cuestión es que el acuerdo, leído ya con detenimiento, es más un cambio de caudales que otra cosa. Una especie de trilerismo inversor para saber dónde está la bolita del gasto. El Gobierno de España permite a los ayuntamientos utilizar parte de sus remanentes a cambio de que antes los cedan al Ministerio de Hacienda, que después los devolverá en cómodos plazos durante una década. El acuerdo, que pudiera parecer bueno en principio, supone sin embargo un préstamo encubierto de los ayuntamientos al Gobierno de España para utilizar sus fondos. El PP hablaba de confiscación o requisa, aunque realmente lo que suponía era cambiar los ahorros de sitio. No hay que olvidar que el dinero viene siempre del mismo bolsillo, que es el del ciudadano, único e indivisible.

El acuerdo resultó derrotado esta semana en el Congreso de los Diputados con todos los grupos en contra, menos los que forman el Gobierno. Podemos transó a última hora y consintió, pero tampoco lo veía claro. El resto de alcaldes ha puesto el grito en el cielo porque no se fían. Si al otro lado del mostrador en el que tú firmas un pacto hay un señor recto, probo y cabal, no habría problema de ningún tipo. Pero si con quien firmas es con Pedro Sánchez, que no le dice la verdad ni al médico, la cosa empieza a complicarse. El municipalismo ha sido bandera histórica de la izquierda, pero en este caso o no ha sabido explicarse o ha dejado que se la arrebate la derecha y el resto de grupos políticos.

En realidad, la propuesta me recordaba a lo que hizo la República en tiempos de guerra. Requisar y fundir toda la riqueza nacional para los gastos de la contienda y mandar luego todo el oro a Moscú en pago a los servicios prestados por Stalin. Ya sé que la comparación igual no es del todo acertada, pero tanto mareamos con la memoria histórica que la llevamos en la cabeza más de lo que debiéramos. Quizá Pedro o el Gobierno debieran explicar que ante una emergencia nacional como la que nos encontramos, todos los recursos son pocos y hay que tirar de donde sea. No olvidemos que ya somos un país con deuda y déficit elevados y que el gasto que supone la lucha contra la pandemia vaciará aún más las exhaustas arcas públicas. Las próximas generaciones van a pagar lo que nosotros no supimos gestionar.

Así las cosas, el Psoe deberá replantear la cuestión en el seno de la FEMP. Milagros Tolón es una buena alcaldesa para Toledo y siente y vive la ciudad por sus venas. La cercanía a Sánchez debe aprovecharla para los toledanos y no al revés. Lo que ocurre es que estar próximo a un personaje como el presidente del Gobierno supone andar siempre sobre el alambre, expuesto a cualquiera de sus flagrantes contradicciones. Quizá lo mejor sea recuperar el consenso entre los ayuntamientos y empezar de nuevo o cambiar directamente la ley. La oposición, que no es tonta, ha hecho caballo de batalla y ha pedido la dimisión de la alcaldesa como vicepresidenta de la FEMP. No creo que sea para tanto, porque el puesto también beneficia a la ciudad. Aunque, como decía Claudia Alonso, Toledo no se ha rendido al sanchismo. La muralla ha funcionado frente a Sancho V.  

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