El Alcaná

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Javier Ruiz

La lotería del cabezón

Este año que todos queremos salud, igual nos toca la lotería... Me lo dijo un amigo hace varios meses, por lo que no pierdo la esperanza de cara a mañana. La lotería, desde luego, que ya nos ha tocado es la de este Gobierno maravilloso que alumbra nuestro quehacer diario. ¡Qué dicha, qué gloria, qué portalito de Belén más acabado! La última escena, la de María Jesús y su acordeón cantándole los Pajaritos a Moñoman y su aquelarre comunista en los pasillos del Congreso. No sabía Pedro Sánchez lo que acertaba cuando dijo aquello del insomnio. De momento, al resto de los españoles ya ha traspasado las noches en vela y una pedrea de Dormidina. ¡Angelitos! 

La lotería comunista debía estar mancomunada de inicio. En lugar de décimos, una papeleta con premios suculentos, del tipo okupación chaletera o subsidio ampliado. Lo mejor sería una cesta donde se incluyera todo, también una apologética laica de por qué los rojos pueden ser ricos. En esto hay mucho escéptico y cabrón, pues siempre dan la matraca con que los rojos se hacen ricos a costa del dinero de los demás. Ahí está la Historia para desmentirlo, desde Cuba a Venezuela pasando por la Unión Soviética. Siempre estuvo el capital de fuera para horadar las excelencias del paraíso comunista. En realidad, lo único que se colectiviza en los regímenes comunistas es la responsabilidad, que siempre es de otro. 

La lotería tocará y no nos podremos abrazar por el maldito virus. O sí, vaya usted a saber, multa mediante. El contradiós al que nos ha llevado la enfermedad en Occidente es de los que se estudiarán por las generaciones futuras. La civilización chachiguay, puesta contra la pared por un bichito microscópico. El hedonismo ha sido arrumbado y solo queda el maderamen de un barco al que no se encuentran ni los clavos. Décadas de garantías y prodigios disueltas en una cubeta de laboratorio hasta que aparezca la vacuna. Entre tanto, quienes han comprado todos los décimos desde el poder ya saben a qué número jugar y siguen meneando el bombo. El siguiente premio es una república bananera de igual da, que da lo mismo.

La monarquía se ha sacado a subasta en una tómbola de feria. Aquí no es quién da más, sino al revés, quién da menos. Felipe VI es el más preparado de su generación, pero como viene de serie queremos echarlo a ver qué pasa. Me encantaría ser republicano y escribir disquisiciones a favor del nuevo régimen, pero la experiencia enseña que una España sin rey es garantía de fracaso y odio. Los dos intentos anteriores se resolvieron en rotundos fracasos y no adivino elementos nuevos que no conduzcan al mismo sitio. Majestad, haga su discurso como si lo fueran a echar mañana. 

María Jesús Montero ha explicado sin que nadie se lo pida por qué el Coletas se ha recogido el pelo. Un cabezón de esas dimensiones solo puede coronarse con un moño en alto. Aunque Lenin fuera calvo y Stalin usara gorra. El porvenir es adorable con esta gente en el Gobierno. Pedro cree que podrá escaparse cuando le convenga y ojalá le toque un buen premio y no el reintegro. La lotería que llega de Europa será buena si sabe repartirse entre profesionales y no entre camaradas. Los niños de San Ildefonso acabarán convertidos en balseros, como Elián. Y la plata a repartir no comprará nada que no sean voluntades impagables. Pablo Iglesias debería sentarse tras la tabla de la lotería en lugar del consejo de ministros.

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