El Alcaná

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Javier Ruiz

El espectro de Montiel sobre el PP de Rajoy

Montiel ha celebrado este fin de semana con gran éxito de crítica y público, una nueva recreación de la batalla que allá por 1369 enfrentó a los partidarios de Pedro I de Castilla, también llamado el Cruel, contra Enrique II de Trastámara, su hermanastro. Europa se desangraba entonces a cuenta de la Guerra de los Cien años que dirimía el poderío continental entre Inglaterra y Francia. La primera apoyó a Pedro, que para algunos es el Justiciero, y la segunda a Enrique, finalmente vencedor gracias a los oficios de un oscuro personaje, Bertrand du Guesclin, que pasó a la Historia por aquella frase legendaria de “ni quito ni pongo rey, sólo sirvo a mi señor”. España abrió entonces la puerta a la dinastía Trastámara, que sería la que desembocaría nada menos que en Isabel I de Castilla, también llamada la Católica, y que conseguiría junto a su marido Fernando la unificación de los reinos cristianos y el final de la Reconquista. No sé ya si este tipo de cosas se estudian en las escuelas, pero por si acaso, aquí dejo la reseña.

Mariano Rajoy está a punto de ser herido de muerte por su hermanastro Rivera y no termina de encontrar el último Du Guesclin que le ha armado la historia de Cifuentes y su máster. La presidenta de la Comunidad de Madrid ha perdido siete kilos en tres semanas y el título de la Rey Juan Carlos, que no sabe dónde lo ha dejado. Por si le sirve de consuelo, yo tampoco me acuerdo dónde tengo el mío de Periodismo. De nada me sirvió la facultad, con una ristra considerable de profesores fracasados y frustrados que sólo alcanzaban a mirarse en el lago de sus libros inservibles cual narcisos ebúrneos. El oficio me lo enseñó la calle y la redacción. La universidad está sobrevalorada y sólo sirve para retener parados en los pupitres. Más cuenta trae la FP, que enseña un trabajo y deja a los chavales con pasta en el bolsillo para pagarse después el final de sus estudios. La gran perjudicada de toda esta crisis no es tanto Cifuentes como la universidad, cuyos másteres se han demostrado totalmente prescindibles.

Porque la presidenta de la Comunidad de Madrid es una mujer inteligente, capaz y de lo más sobresaliente que le queda al PP tras la era Rajoy. Hay quien afirma que ha sido alguien del entorno mariano quien ha ejecutado este tortuoso plan para acabar con las posibilidades políticas de Cifuentes. Sostengo desde hace tiempo que el sucesor de Rajoy es el propio Rajoy, pues tal nivel de anquilosamiento y posverdad no se sostienen si no son sobre los mismos hombros. El PP, cada vez que tiene un escándalo, sigue la ruta de los elefantes cuando van a morir o a Pozo Cañada. Niegan con la cabeza hasta desfallecer en la realidad huera del marfil roto. Ayer La Razón decía que todavía sigue siendo el partido más votado. Son los únicos que no invisten a Rivera con la púrpura de la Moncloa. Da igual. Cifuentes debe dimitir para volver más tarde como Afrodita que surge de la espuma. No ha robado ni matado. Sólo ha inflado un currículum u olvidado un título. Si se va, qué coño van a decir Errejón o Echenique. Una cosa es que esté de moda linchar al PP y otra, que las becas fantasmas o no pagar la seguridad social de un trabajador no valga lo mismo para uno de derechas que para otro de izquierdas.

Si Rivera no comete torpezas consumará el regicidio por los errores de su oponente. Sostengo desde hace muchos años que las elecciones no las gana la oposición, sino que las pierde el gobierno. Ciudadanos, no obstante, debe reforzar sus ámbitos regionales y locales. Flipo en colores cuando leo que a Javier Morales, que fue director general de cultura en tiempos de Cospedal y una de las mentes más preclaras de entonces, le cierran el paso en la formación naranja. Está bien que Rivera se ocupe de lo suyo y sea el próximo presidente del gobierno, mientras a Rajoy se le aparece el espectro de Calvo Sotelo en sueños, como ayer adivinara Miguel Ángel Mellado. Pero alguien debe poner orden en ese partido si quieren ser algo más que encuestas. Villegas estuvo en Toledo el viernes y anda barajando las cartas. Se saben la princesita del cuento, sólo que el final puede llegar antes incluso del comienzo. Los de Guadalajara no se hablan entre sí y a Orlena le abren la sede de prestado. Alejandro Ruiz es el ogro que quiere cargarse a la reina, mientras el resto de provincias se encoge de hombros mirando al tendido. Desde Antonio López, no tiene suerte Ciudadanos en Castilla la Mancha.

No sería la primera vez que quien funde las encuestas muere ahogado en la orilla del océano. Rajoy es la Santa Compaña de sí mismo y orballa siempre. Que nadie lo dé por muerto. Como al Rey Pedro, que cada año resucita en Montiel y vuelve al Castillo de la Estrella. Aunque ganó Don Enrique y los partidarios de Don Pedro no tuvieron más remedio que rendirle pleitesía.

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