El Alcaná

El Alcaná

Javier Ruiz

Los concilios de Emiliano 

Pese a que Roma olvidó a Toledo para el capelo cardenalicio, la sede primada luce con igual esplendor. Don Braulio, que ya ha presentado su renuncia, se lo hubiera ganado aunque sólo fuese por su brillante resolución al dilema de los dos Corpus. La celebración mozárabe brilla y refulge como el jueves que siempre fue. Toledo atesora patrimonio incalculable y liturgia propia, algo que supo ver el arzobispo. Pero claro, qué puede esperarse de un Papa que da entrevistas a Évole. Francisco, con tanto despojarse de ropajes, va a parecer un monaguillo de sacristía.

Por eso, los toledanos y toledanistas estamos a otras cosas. La última es la resurrección inconcreta y marmórea del espíritu de los concilios. Todo el mundo recuerda la Ciudad de las Tres Culturas, mito de Alfonso X que no siempre llegó a cumplirse. Ahí están las leyendas del Pozo Amargo y otras tantas que dejan intuir que no era oro todo lo que brillaba. Judíos, cristianos y moros andaban a la greña disimuladamente, pero sabían que les iba mejor sin tanta guerra y conquista. A mí me gustaron siempre más las concilios. Una ciudad que entre su acervo guarda nada menos que una veintena de ellos está marcada y signada entre la piedra. Emiliano es consciente de ello y lo ha visto claro. Se ha puesto en plan Recaredo y ha convertido al pueblo entero de Ciudadanos en socialistas manchegos. El moderado socialismo o socialismo con rostro amable, o sea.

Sandro Ruiz y Carmen Picazo han pasado las aguas del Tajo como si las del Jordán se tratase. Se han bautizado en la fe bonista y ya tienen denominación de origen. Bienvenidos al club. Desde Toledo se ha hecho lo que nadie atisbaba y parece imposible en Madrid. Que dos fuerzas de bloques distintos puedan hablar y entenderse. Esta es la gran victoria de Emiliano frente a Pedro y todos los demás. Si no sabéis pactar, dejad el trono vacante y abrid paso al emperador.

El acuerdo entre Ciudadanos y Psoe es positivo y saludable desde todos los ángulos. Lo vengo defendiendo desde la noche del 28 de abril en CMM, en cuanto dieron los números. Carmen Amores, heredera de Chicho y maga de la televisión, me dijo luego que había dicho cosas muy arriesgadas. El riesgo es la conspicua y empinada senda que los prudentes recorren en busca del éxito, lejos de la bajada abrupta que supone para los temerarios. La transversalidad es hoy más necesaria que nunca. La política de bloques está sobrevalorada y no conduce más que al enfrentamiento y la melancolía. La crónica de la Historia avanza a base de herejes y heterodoxos. Lo tengo escrito aquí en este mismo papel y a mi señorito Cedena le gusta mucho, por eso lo repito. La Transición española es la Historia de tres desleales que traicionaron sus principios. Suárez, Carrillo y el Rey. Y fue un éxito deslumbrante que hoy se estudia en todas las universidades del mundo, menos en la de Pablo Iglesias.

Así las cosas, Emiliano ha demostrado sagacidad y mérito una vez más. Ciudadanos deberá hacer pedagogía entre su electorado, no le queda otra. Y Rivera y Sánchez, aprender de lo que aquí sucede. El acuerdo es bueno para todos, hasta para el PP, que queda solo en la oposición, con todo el terreno para él, camino expedito. Los pactos deberán ahora desarrollarse con pulcritud y oportunidad en cada una de las ciudades. Casañ, Masías, Pilar y Emilio deben estar a la altura de las circunstancias y creerse el acuerdo para decir y defender que es lo mejor para sus vecinos. Ahí deberán aplicar su inteligencia. Y Emiliano, murallas adentro, observará con calma cuál es el momento propicio, si a Pedro le da un vahído o lo devoran rápido, para recoger la corona votiva del socialismo patrio. De Recaredo a Recesvinto, no salimos de los visigodos.

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