El Alcaná

El Alcaná


Javier Ruiz

Y el de la moto

Fernando Simón ha posado para El País en moto de igual forma que lo hacía Sara Montiel en las portadas de las revistas, con un lunar tan grande como la pinacoteca nacional. El doctor Simón se ha convertido en una celebrity y un icono pop para la izquierda. Los mismos que chillaban de histeria por la muerte de un perro con el ébola, le hacen ahora camisetas y gorras. La Razón lo saca como el Ché Guevara de la medicina y la otra noche un amigo se colocó una boina mientras discutíamos sobre la pandemia. El virus nos ha dividido más de lo que estábamos y ese ha sido su gran triunfo. 

Simón es un profesional acreditado que falló estrepitosamente en sus previsiones. Ha pedido perdón por ello, algo que le honra, sin duda. Creo, en cambio, que su gran problema ha sido la ductilidad demostrada con el Gobierno, aduciendo una cosa y su contraria en función de sus intereses. Lo de las mascarillas no tiene ni medio pase, pero si uno observa el resto del mundo, los demás epidemiólogos tampoco han resuelto ponerse de acuerdo. Lo que más me mola de Simón es la fatuidad de su sonrisa. 

Se trata de un falso modesto en manga corta, cuya vanidad solo puede ser colmada por otra portada de colorines. Los muertos no le cuadran, pero no pierde la paciencia ni la calma. Esa ha sido su gran virtud, la de mantener el temple y los nervios por más difíciles que fueran los escenarios. Lo de las almendras no tiene gracia alguna, pero quienes lo han elevado a categoría de mito son los que menos favor le hacen a un profesional que ha intentado realizar lo mejor posible su trabajo. Simón es un funcionario gris como sus camisas y el baluarte de la acción del Gobierno. Por eso Pedro lo defiende tanto.

Lo más interesante de todo es que la experiencia haya servido verdaderamente para pertrecharnos mejor contra los rebrotes. Un edificio de Albacete ya ha sido confinado. Y probablemente no será el último este verano. La pandemia ha dejado una fotografía borrosa donde las competencias sanitarias ejercidas de forma corresponsable han mostrado sus carencias. Si hay mucho cuadro y mando medio, la información se pierde y no llega el material a quien lo necesita. Ahora esperamos que las centrales de compra funcionen mejor, se atienda a la Primaria como debe y se la dote de equipos eficientes para el rastreo. Los médicos han dado su vida por ello y junto a enfermeros y otro personal sanitario han ido a pecho descubierto con tirachinas a la guerra. Simón podrá ser un icono pop y colgar de las paredes en pósteres adolescentes. Pero, como dice Illa en el reportaje de El País, que deje la moto en casa y vaya en coche a su trabajo.

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