18 de noviembre de 2019
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El Alcaná

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Javier Ruiz

Errejón y otros chicos del montón

La entrada en la escena política de Íñigo Errejón y su partido Más País ha revolucionado parte del tablero electoral que se presumía. Aunque sin ver las cosas demasiado claras, hay quienes dicen que esto sería el final de Podemos y la baza que Sánchez tendría para negociar, ahora sí, un gobierno de izquierdas. No lo veo yo tan fácil, pues si algo nos ha enseñado la demoscopia de los últimos tiempos es que los votos pueden cambiar de canasto, pero no de orilla. De ahí que haya que continuar tirándose de los pelos no sé cuánto tiempo tras contemplar la torpeza de Sánchez y Rivera, negándose a pactar un gobierno de centro izquierda que hubiera obtenido gran respaldo popular y hubiese puesto fin al mayor desafío que España tiene como país, el secesionismo catalán. Y hubiera roto, por fin, la política de bloques en la que llevamos embarcados cinco años sin más resultado que la melancolía del bipartidismo imperfecto.

Dice Díaz Ayuso, la presidenta madrileña, que Errejón es el político más sobrevalorado del país. Coincido con su apreciación, sobre todo después de haberse quitado las gafas y dejar al descubierto los ojos de topillo. A los miopes nos pasa frecuentemente eso. De ahí que yo renunciara hace años a lentillas y operaciones. Llevamos gafas y punto. Íñigo se dejó la graduación en la revolución bolivariana y las gafas en la Universidad de Málaga. No ha dado un palo al agua en su vida, ha crecido a la sombra del líder y le ha hundido el piolet hasta la última melena de la coleta. Aunque, claro, Pablo ya se lo hundió él solo cuando compró el chalet de Galapagar.

La izquierda a la izquierda del Psoe es siempre la misma cantinela y martingala. Que le pregunten a Anguita cómo se desangró Izquierda Unida con los Errejón de entonces. Almeida, López Garrido, Sartorius... La vieja aspiración de la Casa Común de la Izquierda es una entelequia que jamás podrá superar el odio africano que comunistas y socialistas sienten entre ellos. Los primeros, porque miran con superioridad intelectual a los segundos sabedores de que son los únicos que hicieron la revolución y los acusan de traidores; los socialistas, porque ven en el comunismo el origen abominable del que descienden y han renegado en pro del mayor invento político de la segunda mitad del siglo XX, la socialdemocracia.

Al final, Errejón y otros chicos del montón desfilarán con Sánchez en una corriente interna del Psoe como Izquierda Socialista. De momento, ejercerá su capacidad de análisis sociológico para presentarse en aquellas circunscripciones en que pueda sumar y no restar a los escaños del Psoe. La marea mediática gubernamental lo subirá a hombros y le dará vueltas por todas las televisiones. Íñigo, el Bueno, el Deseado, el Razonable, frente al Sectario, Imposible o Comeniños de Pablo. Errejón ya ha consumado su venganza y ha demostrado que es más inteligente que Iglesias. O, al menos, que posee la inteligencia de la boa que se coloca junto a su víctima, crece al lado de su sombra y se adapta a ella para luego zampársela de un bocado.

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