El Alcaná

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Javier Ruiz

Iván y el arte de lo invisible

He leído con atención el reportaje que ha dedicado El País a Iván Redondo, el hombre fuerte del presidente. Lleva el diario de Prisa un par de domingos soberbios, con los perfiles de Redondo y Simón, el doctor Bacterio a lomos de una moto. Lo bueno de estar cerca del poder es acercarte a él y retratarlo. En esto, coincido con la estrategia de Ciudadanos, Pedro Jota y el mismo diario El País. Hay que aprovechar la proximidad con los que mandan para sacar información y, en la medida de lo posible, contrarrestarlos en aquellas cosas que se equivocan. Los toros hay que lidiarlos, arrimarse a ellos y darles a cada uno la faena que piden. Puede ser que te embistan y empitonen, pero el currículum de un periodista lo forman las cornadas que encriptan el mapa de tu pluma o micrófono. Qué le vamos a hacer; salimos raros, pero hay que querernos como somos. 

Por eso, no desdeño en absoluto los perfiles que tanto de Simón como de Redondo han hecho los compañeros de El País. Ambos además me han servido para sendos artículos, algo que solo por eso tienen ya ganada mi gratitud eterna. Redondo se presenta como un asesor más, a medio camino -según el propio diario- entre la propaganda y la publicidad. Ha servido al PP y ahora lo hace a Sánchez, que no al Psoe. En esto podría considerarse un mercenario al uso. Sucede, en cambio, que el mercenario también tiene su literatura; es más, puede que no haya quien le cante, pero sin él la victoria está lejana. Monago lo contrató y Sánchez se cruzó en su camino. Es quien más cerca está del presidente y quien más influencia tiene. Ve las cosas antes de que sucedan, como la moción de censura con que Pedro ganó el gobierno, y ya solo por eso merece un cuidado y respeto que se ha ganado a pulso. Nunca un valido tanto poder tuvo en democracia, dicen los que de esto saben. Olivares es un primo a caballo al lado de Redondo y su mochila. Pocholo le tiene envidia. Lo que más me ha interesado del artículo es la definición que Iván hace de la política, el arte de lo invisible. Joder, tantas veces diciendo yo que es el arte de lo posible y ahora resulta que no. Paro la lectura, lo pienso y tiene razón. En estos tiempos frenéticos, lo importante es que no se note. Que parezca un accidente, diría un mafioso. Pero no van por ahí los tiros. Lo importante es que el pueblo no se dé cuenta de los mecanismos de poder. Si somos periodistas críticos, advertiríamos que se trata de manipulación y engaño. Si somos más condescendientes, hablaríamos de táctica, márketing y estrategia. Si somos serviles, directamente de talento y admiración. En la sabia mezcla de las tres, está la respuesta. 

Redondo tiene menos de cuarenta años y ha hecho de Pedro Sánchez, un tío guapo pero dubitativo, presidente del Gobierno. Engrandece sus virtudes y achica sus defectos. Lo recubre de besos y aplausos y lo protege de palos y críticas. Supo ver en él su talante frío y distante y lo convirtió en un Maquiavelo sin escrúpulos de la política. Dicho de otra forma, un hombre de Estado. Sucede, en cambio, que el Coronavirus marca un tiempo difícil y verdadero, en el que la enfermedad desnuda cualquier tipo de artificio. La crisis económica hará caer los ropajes con los que la corte de TezanosRedondo han recubierto a Pedro. Pero la baza con que cuentan es la falta de principios. Por eso, Esquerra ya se siente con ataque de cuernos y querida abandonada, y Ciudadanos, señora de gobierno y mando imprescindible. Lo próximo que me compraré será una mochila negra como la suya para guardar artículos como este en plan salvoconducto. 

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