El Comentario

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Nicolás GALÁN SERRANO

Estado de alarma o de calamidad

Pedro Sánchez Pedro Sánchez

El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, realizó este viernes una
aparición estelar desde La Moncloa para no decirnos nada. Nada que ya no
sepamos.

Actuando como un busto parlante, nos informó de lo mal que están las cosas,
de lo peor que se van a poner, que no piensa hacer nada para coordinar la
situación y que todo depende de los gobiernos autonómicos y de la farragosa
situación jurídica y protagonismo que sus presidentes y presidentas quieran
adoptar.

Habrá muchas causas que nos aportarán una explicación sobre las razones de
esta escalada de casos que estamos sufriendo, situación estacional, falta de
medios en la detección precoz, actitudes egoístas de cierta parte de la
población, hacinamiento en el transporte publico, aunque se limiten las
personas en las reuniones privadas y se prohíban las visitas de familiares a
las residencias, etc. Pero sin duda hay un factor que cada vez esta
mostrándose como uno de los motivos importantes y no precisamente desde ahora y es la falta de acuerdos y coordinación política por parte de los
responsables, quienes se supone, están obligados a tomarlos y no solo me
estoy refiriendo al presidente del gobierno de la nación.

El presidente Sánchez nos indica que es un claro defensor del sistema
descentralizado y autonómico que tenemos y su satisfacción por como está
funcionando en estos momentos críticos, con mucho pesar difiero con esta
apreciación de nuestro presidente, creo que nadie que vea como esta el patio
apoyaría esta afirmación. Yo también soy un defensor de la
descentralización, creo en nuestro estado autonómico contemplado en la
Constitución pero no podemos engañarnos, en estos momentos tan críticos las
autonomías no han, ni están dando respuesta como se esperaría en un estado
moderno y democrático como el nuestro. Es un pulso agotador y continuo
contra el gobierno central, algunos más que otros pero siempre retorciendo
los límites legales y olvidando que los ciudadanos, el bienestar y los
derechos ciudadanos, es lo que da valor y legitimidad a los distintos
gobiernos. Es un problema que debemos hacernos mirar cuando esto haya pasado y corregirlo.

Cuando algo que durante años ha estado funcionando,
haciéndonos nuestro servicio y en un momento realmente dramáticas deja de
aportarnos soluciones y nos genera mayor incertidumbre y mayor caos,
tendríamos que tener la capacidad crítica suficiente para reconocerlo y
corregir esas desviaciones y carencias observadas. También es cierto que
para llegar a esa capacidad crítica, las opciones políticas tendrían que
alejarse de las tensiones provocadas y centrarse en soluciones para salir de
esta etapa desoladora.

Nuestro ordenamiento jurídico contempla el estado de alarma, un estado de
peligro, nuestros vecinos portugueses contemplan algo más explicito en estas
circunstancias, el estado de calamidad, un estado de desgracia de adversidad
colectivo, ese es, lamentablemente, el estado en el que nos encontramos lo
pintemos como lo queramos pintar.

Según nos cuentan, tenemos más capacidad de analizar y detectar pero vemos
la falta de capacidad de rastreo. La economía que se pretendía proteger al
terminar las medidas de contención en junio, se ha visto hundida en la
miseria, las ayudas aprobadas no llegan a sus beneficiarios, los centros
sanitarios han visto balancear la carga de trabajo de los hospitales a los
ya sobrecargados centros de salud, nadie puede garantizar, según avanza de
la pandemia en Europa y otras partes del mundo, el abastecimiento de
materiales, los gobiernos nos dicen que estamos servidos pero ¿hasta cuando?
El otoño acaba de comenzar y el invierno se nos antoja largo y tenemos que
proteger nuestro sistema sanitario, es el único que nos dará respuesta y
solución a este problema, el único que pondrá remedio cuando nos encontremos
enfermos, el único que trabaja para salvar nuestras vidas.

Todo lo demás tendría que estar supeditado a este objetivo. Es una tremenda
irresponsabilidad tener a una población pendiente de decidir qué es más
importante, si la economía o la salud, y cruel tenerla sumida en el laberinto
jurídico de quien, como y cuando dispone las medidas que sin tiempo para
pensarlo, influirán por un periodo corto o largo en su existencia.
 
Nicolás Galán Serrano

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