El Comentario

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Elsa GONZÁLEZ DÍAZ DE PONGA

César Egido o el filántropo de La Mancha que elevó la ‘palabra’ como vínculo de la humanidad

“Quiero presentarte a un empresario que ha triunfado y quiere devolver algo a la sociedad”, me anunció Pepe Oneto con propuesta de fecha incorporada para tomar un café. 

Así conocí a César Egido, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Se sumaron al encuentro Marisa Ciriza y Jesús Picatoste, dos periodistas de la transición muy apreciados por Oneto. De allí salimos con el germen del Premio Palabra, emulando el nombre del Museo creado por este filántropo. La denominación no podía ser más adecuada para un galardón de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). 

Solo una persona tan tenaz y singular puede reconstruir, de forma altruista, una casa-palacio en el centro de Castilla-La Mancha. En Quero, una localidad toledana de apenas mil habitantes, pero por donde corre el carácter cervantino. Egido la convirtió en la sede de la Fundación que lleva su nombre; su rica biblioteca ha sido escenario de encuentros de embajadores y de políticos con un objetivo único: utilizar el diálogo como herramienta para lograr la paz entre las diferentes culturas y religiones. 

Este empresario, que descubrió la publicidad en los edificios en obras del centro de Madrid y pionero en España en la Responsabilidad Social Corporativa, venía convocando desde hace años un ambicioso Concurso Internacional de Microrrelatos. El premio está dotado con 20.000 dólares y no debe superar las 100 palabras. La participación resulta tan elevada como la pluralidad de países de procedencia de los trabajos. Podemos decir que César Egido ha convertido este lugar de La Mancha en centro universal de la literatura breve del siglo XXI.

La alianza de la Fundación con la Federación de Periodistas permitió que la primera edición del Premio Palabra recayera en Lilian Tintori, activista venezolana y esposa del político que recientemente ha viajado a España, Leopoldo López, por comprometerse con los derechos humanos a través de la palabra. Su intervención vía internet, por tener prohibida su salida de Venezuela, la recibimos en una sala de la Casa de América atestada de público: “Mi voz y mi palabra -afirmó- representa a los presos políticos que quedan en Venezuela”. 

Al año siguiente sería otra mujer quien recibiera el premio, la filósofa Adela Cortina

Descanse en paz este hombre tranquilo, emotivo y lúcido y, sobre todo, pacífico, que quiso transmitir a la ciudadanía el valor de la palabra como medio de convivencia y solución de conflictos. 

César Egido Serrano deja en marcha prematuramente su obra. Confiemos que alguien herede la labor de la Fundación con la misma ilusión con la que este letrado de la Administración del Estado abandonó su puesto para emprender un anhelo propio y novedoso: una empresa de gestión de mecenazgos. Con generosidad quiso devolver su suerte a los demás y en ese camino encontró al periodismo, que vive y trabaja con la palabra.

Elsa González Díaz de PongaEx presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE)

Entrega del “Premio Palabra” a Lilian Tintori. Sus suegros recogen el galardón.
De izquierda a derecha: César Egido, Antonieta Mendoza (suegra de Tintori y madre del político venezolano Leopoldo López), Leopoldo López (padre del político del mismo nombre) y Elsa González, presidenta de la FAPE

Jurado del premio Palabra. De izquierda a derecha: Jesús Picatoste, secretario general de la FAPE;  Mariza Ciriza, vicepresidenta de la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo; Carmen Pérez de Armiñán, ex decana de la Facultad de CC de la Información de la UC; José Oneto, analista político; César Egido, presidente de la Fundación César Egido Serrano; Leopoldo López; Elsa González, presidenta de la FAPE, y Joaquín Müller-Thyssen, director general de Fundéu BBVA.

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