El Comentario

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JUAN SÁNCHEZ SÁNCHEZ

Lo esencial de Toledo en la exposición de Dalila y Galván

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Juan Sánchez

Sorprendente y magnífica exposición de Dalila del Valle y Carlos Galván, además de otros seis artistas de su estudio. No estamos acostumbrados a ver en Toledo la obra de estos dos artistas toledanos (Dalila nacida en La Puebla de Montalbán y Carlos en Talavera de la Reina), asentados en nuestra ciudad desde hace muchos años y que tienen una acreditada proyección internacional. Pero ahora han querido centrarse en Toledo, su ciudad y mi ciudad, y lo han hecho con unas obras que no dejan indiferente a nadie. Hablan de un homenaje a El Greco, seguramente por la obra que aparece como central en la exposición: un panel de toledanos que, según ha explicado Dalila, han tenido una influencia en su vida durante los últimos años. Están los dos artistas autorretratados, la alcaldesa actual, algunos académicos –entre los que Dalila ha tenido el detalle de incluirme- y otros toledanos que destacan en alguno de los ámbitos de la vida sociocultural toledana. Aparecemos retratados como los personajes de “El entierro del Señor de Orgaz”, la mayoría con una mirada que busca la transcendencia, el encuentro con Dios. Pero el título es bien significativo: “La obra eres tú”. Es decir lo importante del cuadro no está en los personajes que aparecemos pintados sino en la persona que contempla el cuadro. Es el canto a la dignidad de cada persona, de cualquier ocupación o posición. Es la certeza de que cualquier persona es amada por Dios a pesar de su anonimato. Sin duda es un alegato a la humildad, para que nadie pueda engreírse. Dios no hace acepción de personas, a todos ama, por todos vive…

Otras obras tienen el sabor Greco, con la interpretación libre de la artista:  “Dama de Armiño”, “Dama con la mano en el pecho”…. Sin barreras, sin caer en fáciles recreaciones artísticas… Son personas de hoy, de nuestro tiempo, retratadas sin importar clase social, raza, sexo…

Pero la exposición tiene mucho más. Hay varias obras ejecutadas en colaboración entre los dos artistas. La primera de ella es la magnífica “Virgen Inmaculada”, probablemente la mejor obra de estas características pintada en nuestro siglo, con una imagen de la Virgen acorde con los cánones de nuestra época, con el azul utilizado en otros siglos y un traje que en lugar de pintado, especialmente los bordados, parece real, cubriendo a María. Tanto Dalila como Galván han expresado en ocasiones la importancia de la vivencia religiosa en su pintura y esta obra es bien singular. La Inmaculada aparece sobre Toledo, la ciudad mística y cristiana por naturaleza, con dos edificios singulares en la base: la catedral y la iglesia de Santiago el Mayor (llamada “Catedral del mudéjar”). La fe en la raíz de la vida ciudadana: Santiago es el templo del que Galván habla que supuso su conversión, su encuentro con Cristo y con la Iglesia. Y la puerta de Bisagra, como acceso celestial, junto a un barrio de la Antequeruela-Covachuelas, tan complejo y desordenado arquitectónicamente, que puede ser reflejo de la vida de nuestro tiempo.

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Otra, que sorprende aún más, es “San Esteban”, el primer mártir cristiano. No han utilizado el fácil recurso de la sangre derramada sino los nervios y músculos en tensión, agarrotados por el dolor y tal vez el miedo, a pesar de la certeza del encuentro que se iba a producir con Cristo. En posición fetal, abrazado a sí mismo, con el brazo izquierdo en paz,  y con las piedras rodeando al santo. Y como fondo un gran muro de hormigón, gris como la vida sin sentido. Es la imagen, tremenda, del cartel de la exposición, y es un símbolo de tantas personas que han dado y dan su vida por defender su fe, por anunciar el amor de Dios. Totalmente distinta es la imagen de Cristo, resucitado, con la Cruz iluminada como corazón. Es el “Sagrado Corazón de  Jesús”, también de corte actual, sereno, rebosante de paz y de amor, y retratado en un templo, probablemente el claustro de San Juan de los Reyes.

Las obras realizadas exclusivamente por Galván reflejan desde el principio la formación arquitectónica de este artista. La catedral se muestra como el símbolo de lo esencial de la ciudad, el corazón de la vida ciudadana y urbana. Por eso no duda en construir una catedral con las dos torres que fue soñada. Estamos ante el cuadro “Ciudad eterna”. Toledo se rodeará, tal vez, de grandes y novísimos edificios pero no puede perder la esencia: el río Tajo, el cerro del Bu, el paisaje, la recreación del circo romano que yace escondido, los puentes y murallas… Toledo tiene que mostrar su vigor pero siempre desde el respeto a lo que caracteriza nuestra ciudad. Y así ocurre en la recreación que en otro cuadro realiza de la Catedral, con un título bien sugerente: “El manantial de la vida”. En esta ocasión el templo catedralicio ofrece la imagen actual pero con un subsuelo que indica el corazón de la ciudad: el agua, tan presente y necesaria, se convierte en lo fundamental hasta convertirse en la verdadera razón: la fe. Catequéticamente puede significar la imagen del bautismo, pero desde luego hay un mensaje nítido: Toledo no puede vivir de espaldas a su río ni a sus aportaciones a lo largo de los siglos.

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Este hiperrealismo sigue haciendo falta. Frente a mucho arte contemporáneo de vanguardia, donde a veces es difícil distinguir entre magnífico y mediocre, esta exposición llena de luz el arte de Toledo. Dalila y Galván son dos artistas de nuestro tiempo, con obra difícil de contemplar si no es en su estudio o en galerías o residencias de variados países. Por ello, una vez más, reivindico la necesidad de crear un verdadero Museo de Arte Contemporáneo de Castilla-La Mancha o al menos de Toledo. Son muchos más los creadores que en la segunda mitad del siglo XX y en estas dos décadas del siglo XXI vienen realizando un arte pictórico o escultórico que no es recogido en ninguna colección pública. Distintas tendencias artísticas, variados creadores. Pero nuestro tiempo tiene que reconocer a estos artistas y facilitar a nuestra sociedad su encuentro con el arte contemporáneo, el que se está desarrollando cerca de nuestros hogares. Necesitamos ejemplos y para ello precisamos museos llenos de vitalidad, con gabinetes pedagógicos y con espacios que inviten a descubrir que los museos son lugares de encuentro, participación y creación y no sólo mausoleos.

Los toledanos debemos sentir gratitud por esta muestra que surge en el corazón de nuestra ciudad y podemos contemplar tanto los toledanos como muchos de los miles de viajeros que nos visitan. Me he referido especialmente a las obras de estos artistas de fama nacional e internacional, que han expuesto en diversos países pero que apenas lo habían hecho en nuestra ciudad.  Pero no podemos dejar de mencionar a los seis discípulos del taller de Dalila&Galván que han sido seleccionados para mostrar su obra, muy digna e interesante: Gómez Fontecha; Diáz F; Carossa; R.Agraz; Louriza y Óscar Pantoja. Cualquiera de ellos está llamado a exponer individualmente y en algunos casos ya lo han hecho. Tienen grandes maestros, que les ayudan a ser creadores. En fin, que el tiempo de exposición me ha parecido excesivamente breve pero ha sido suficiente para que estos ocho artistas hayan podido comprobar que son profetas en su tierra. Son 40 obras que nos muestran imágenes de Toledo difíciles de olvidar.

Juan Sánchez Sánchez. Historiador y bibliotecario

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