El Comentario

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Alberto Morlanes

A los abuelos del COVID-19

Alberto Morlanes Alberto Morlanes

La última vez que recogiste al niño del colegio llegaste un poco más fatigado de lo normal. Pero ni los achaques de siempre ni la tos que arrastrabas desde hacía varios días te impidieron disfrutar de aquella tarde en el parque, dándole de merendar al sol entre subidas al tobogán y empujones al columpio. Ese jueves también hubo cromos... aunque no se comió todo el bocadillo. Y es que la amenaza del abuelo siempre cae en saco roto, como debe ser.

Al día siguiente ya no hubo clase y, oye, no te sientas mal por lo que pensaste. Estabas libre y te podrías echar una cabezada en el sofá después de comer. Te lo pedía el cuerpo porque, caramba, te dolía todo. Pero la siesta no te supo tan bien como te habías imaginado por la mañana. Esa dichosa tos no te dejó cerrar el ojo más de 5 o 10 minutos. ¿Qué habían dicho en las noticias? El virus de los chinos ya estaba aquí. Pero no, aunque te notabas destemplado no podía ser aquello. ¡Si yo no salgo del barrio! Al final tuviste que sacar el termómetro y, sí, tenías fiebre.

Como siempre, hiciste las cosas a tu manera y sin avisar. Por no preocupar, claro. Joder, cuando te dejaron quitarte la mascarilla del oxígeno un momento para llamarnos nos dejaste helados. ¿Cómo que habías ido al centro de salud tú solo? ¿Cómo que te habían derivado a urgencias? ¿Cómo que estabas ingresado con neumonía? Estoy bien, nos dijiste haciéndote el valiente. Pero yo sabía que mentías. Todo se complicó en unas horas y no te libraste de unas semanas interminables en la UVI, aunque el tiempo se te detuvo.

A nosotros nos invadió el miedo de no volverte a ver, la rabia de no poder acompañarte, la impotencia de no saber explicar al niño por qué su abuelo había desaparecido para él de la noche a la mañana. Ha sido duro, sí, muy duro. Sobre todo para ti pero también para todos los que te queremos tanto. Pero, mira, has ganado la batalla y ya estás de nuevo en casa.

Vale, nosotros te llevamos la comida y te la dejamos en el descansillo pero a cambio has aprendido a hacer videollamadas para que tu ojito derecho hable contigo desde la distancia... pero mirándoos a la cara. ¿Sabes lo que me dijo la última vez al colgar? Papá, yo creo que ya sé donde ha estado el abuelo tanto tiempo: intentando conseguir el último cromo que me falta.

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