El Comentario

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Susana Hernández del Mazo

Trampantojo sanchista o el arte de la geometría variable

Susana Hernández Susana Hernández

Si de algo fuimos testigos tras los resultados de las dos últimas elecciones generales en nuestro País es de que nuestra democracia parece haber roto con las mayorías absolutas que históricamente se habían alternado y repartido el poder en el Ejecutivo central.

Siempre he defendido que la diversidad suma y, en muy contadas ocasiones, resta. Porque abre la puerta a la posibilidad de recoger –salvo, como digo, alguna rara excepción- toda una amalgama de sensibilidades y suerte de circunstancias.

Lo defiendo, lo mantengo e incluso lo secundo, pero es que ni pasando por el tamiz del centrismo y la moderación que me caracterizan, puedo por menos que abonar el germen de la duda razonable de los beneficios de los Presupuestos Generales recién aprobados por el Congreso. Desde el Gobierno se nos “vende” la idea de que están sustentados por el compromiso con el crecimiento económico, la creación de empleo y la cohesión social.

La Sra. Montero se vanagloria de haber contado con el apoyo de ¡nada más y nada menos! que 11 partidos distintos que “han abandonado los intereses partidistas de sus siglas y han demostrado gran generosidad”. ¿Es de generosidad arrimar el ascua a tu sardina y no tener presente más allá de lo que se lleva en la hoja de ruta de tu Programa Electoral?

A muchos mortales, como a mí, nos asaltan terribles dudas acerca de cuáles habrán sido las negociaciones a puerta cerrada, sin luz y aún menos taquígrafos, con ERC, PNV, Bildu, PDeCAT, Más País, Compromís, Nueva Canarias, Teruel Existe y PRC. Porque a poco que uno piense, se le puede ocurrir que gratis los apoyos, precisamente, no han sido.

Como tampoco –a buen seguro- resultarán del interés general de los españoles las más que probables concesiones en materia de acercamiento de presos de ETA, millonarios destinos de partidas para inversiones en infraestructuras, meter la mano en la actual Ley de Educación para terminar de dar al traste con la pérdida de libertad de elección de las familias y conseguir relegar nuestra amada y bella lengua, la armonización fiscal para castigar a quienes entienden que el dinero ha de estar en el bolsillo del ciudadano y no para financiar embajadas ni redes clientelares de apoyo a “la causa”...

En este esperpéntico sainete ¿quién “gana” al final?

Porque desde fuera, uno tiene la impresión de que en esa búsqueda de diálogo y consenso, la mesa está indecentemente inclinada. Y lo que realmente hiela la sangre no es tanto que los Presupuestos sean “progresistas” como el hecho de que el alto precio a pagar no es (solamente) económico, sino deliberadamente ideológico, injusto y marcadamente territorial.

Aprendí siendo muy pequeña que el “interés general” era aquello que se hacía para conseguir el “bien común”. Por ello me cuesta tanto entender que las demandas de un partido que se considera a sí mismo como defensor de la separación del resto de España puede reivindicar en una mesa de negociación aquello que puede ser lo “mejor” para un extremeño o un andaluz. O que un Partido con un Concierto Económico que le permite una autonomía financiera y tributaria sin parangón pueda, legislatura tras legislatura, utilizar su apoyo como moneda de cambio y presión al Gobierno de turno. Y aún menos que un partido que no condena el terrorismo pueda implicarse en la gobernabilidad del Estado en algo tan sustantivo como unos Presupuestos, en una negociación de franca opacidad.

Pero también tengo bien asumido que de “aquellos barros estos lodos”. Porque al bipartidismo nunca ha parecido interesarle lo más mínimo abordar las –entiendo yo- modificaciones necesarias en la Ley Electoral. Lo que finalmente nos lleva a que la negociación política se acabe convirtiendo en un juego de geometría variable donde la suma de las partes es más que el todo. En este caso concreto, se están quedando fuera más de once millones de votos. En un sistema, donde no todos los votos valen lo mismo. A la vista está.

No es la “construcción de País”, como afirmaba Montero en la rueda de prensa posterior a la votación en el Congreso, sino la construcción de fronteras y altos muros.

Susana Hernández del Mazo. Concejala no adscrita Ayuntamiento Talavera de la Reina

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