16 de septiembre de 2019
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El Comentario

El Comentario

Manuel JULIÁ

la subdivisión de la división

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Después de dividirse en varias facciones, con el trasunto territorial de fondo, cada una de estas facciones se dividieron en otras facciones. Estas subdivisiones, dijo el secretario de organización a la cúpula que a su vez se había subdividido en varias cúpulas, indican la libertad que impera en nuestra organización. Las cúpulas le aplaudieron, y las subcúpulas en las que a su vez se habían subdividido las cúpulas, también. Además miraron al lado por si acaso estaba naciendo alguna subcúpula en ese preciso instante, lo que celebrarían con furor de detectarlo. En estas nuevas subdivisiones el asunto territorial ya no era la causa, sino algo más subjetivo que podríamos llamar la "descripción del concepto". Eso dijo el líder agitando su coleta al viento. Le secundaron varios asesores extramuros, verdaderos intelectuales que estaban a la izquierda de la izquierda, sobre todo uno cuyo nombre no recuerdo pero que, "in illo tempore", fue jefe de organización de las derechas pos-franquistas.

En esas nuevas subdivisiones ya no era lo importante el dónde, ni el cuándo, ni el por qué, ni siquiera el qué, lo importante era el ser. El ser entre comillas. El ser del ser de la esencia. Lo importante era el ser del concepto, dijo uno de un grupo, o subgrupo, anticapitalista. El concepto del ser siendo, o sea, tradujo el portavoz, el porcentaje de anti capitalismo, o comunismo, o socialdemocracia, o hipermegafeminismo que hay en cada uno de los cuerpos que forman los inscritos, que a su vez se enlazan consigo mismo en cada una de las divisiones y subdivisiones. El ser y la dosis dijo el líder, agitando al viento su coleta, y sobre todo que yo sea vicepresidente del gobierno para que los subgrupos tengan un enlace, como el cordón que aprieta los zapatos y hace que sirvan para poder andar, y no caernos cuando avanzamos hacia el objetivo común, insistió ante los grupos y subgrupos. Al escuchar objetivo algunos que todavía no estaban en algún grupo o subgrupo silbaron. Pobres ignorantes.

Como dijo uno de los anticapitalistas lo importante de aquel galimatías era que se estaba estableciendo un diálogo entre lo vertical y lo horizontal. Aquel aserto a muchos les pareció muy bien, muy de izquierdas, y aunque no supieran lo que significaba aplaudieron a rabiar. Alguien, quizá equivocado de asamblea, viendo tanto grupo y subgrupo aludió a la inutilidad del caos pero fue respondido, en este caso de manera unánime, en el sentido de que confundía el caos con la diversidad, el desorden con la creatividad y el follón con la libertad. Entonces con estas palabras grandiosas termino la asamblea, y cada uno se fue a su grupo o subgrupo, o decidió crear otro grupo o subgrupo. Lo quiso hacer y lo hizo.

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