El Comentario

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Alberto González

La reacción de una parte de la juventud ante la Covid-19

Alberto González Alberto González

Hoy me he levantado con el pie cambiado y he decidido dejar de lado a los políticos y su comportamiento ante la COVID 19 y centrarme en otro tema también relacionado con el bicho, pero con distintos agentes, pues de los políticos ya he escrito bastante y no creo necesario abundar mas en el tema, por ahora.

Digo que me he levantado con el pie cambiado, y estoy tomando en consideración el comportamiento de ciertos jóvenes descerebrados, desnortados y todas las palabras terminadas en “ados” que se puedan añadir, porque se ve un día si y otro también como tienen un comportamiento que sólo puede traer, y de hecho está trayendo, problemas al estado de angustia que estamos viviendo la sociedad.

No voy a callarme, y creo que no debo, lo que pienso de su actuación, sería de necios a mi edad tener algún prejuicio de lo que se pueda pensar o decir de lo que escribo. Yo, como dice un amigo, sólo tengo que ir pasando por la vida como las hojas de un libro, una a una, sin precipitación, y aportando a la sociedad lo que pueda y la salud me deje. No aprecio esa voluntad en ciertos jóvenes que quieren vivir atropelladamente, atropellándose ellos mismos y por ende a los demás, como si no tuvieran una vida por delante para disfrutar, como se ha hecho por los jóvenes en cada momento de la historia, unas veces de una manera y otras de otra, en virtud de lo que se podía hacer en cada momento.

Los expertos, valorando los datos de la pandemia, nos están recordando  que el virus cada vez afecta a edades más tempranas, y que hay colectivos de esos jóvenes imprudentes que no se lo toman en serio, será porque se consideran inmunes, o más bien, algunos creemos porque son unos irresponsables ¿se imaginan que el virus empiece a visitarles muy a menudo? Posiblemente se curen prácticamente casi todos, pero ¿les quedarán secuelas? ¿qué tipo de secuelas? Algunos expertos dicen que esas secuelas pueden ser graves, es decir, podremos tener una sociedad de “jóvenes viejos” que se conviertan efectivamente en viejos antes de tiempo, y arrastren una vida penosa con los achaques desde su juventud de una persona mayor.

También estos jóvenes irresponsables; los de los botellones, los que arrancan los bancos de cuajo de los parques, los que se ponen al borde de la carretera bebiendo y bailando con el consiguiente peligro para ellos, y el disgusto de quien pasa con el coche y puede producir un percance, de quienes hacen fiestas privadas en casas, fincas y demás lugares donde son convocados por gente que se aprovecha de la situación para ganar unos euros a costa de lo que sea. Digo que quienes actúan de esta manera, perjudican enormemente a la gente de la restauración, les están arruinando y a la vez son, en parte, culpables del retraso de la puesta en marcha de la economía porque producen contagios, y las autoridades se ven en la obligación de acometer ciertas medidas no deseadas.

El mundo ya sufrió una pandemia en 1918, que trajo millones de muertos, después han ocurrido episodios, no tan graves pero sí con secuelas a quienes tuvieron la desgracia de sufrirlos, que han arrastrado y siguen arrastrando toda su vida, en alguna ocasión el causante ha sido por el aceite de colza, en otras por un fármaco como la talidomida que produjo deformaciones muy serias en la gente que tuvo la desgracia de nacer con esas deformaciones porque  tomaron ese fármaco las madres embarazadas. Los jóvenes, esos desnortados e irresponsables que con ellos no va la cosa, deberían saber que las consecuencias que trajeron estos episodios son para siempre, y seguro que al saberlo se quedarían pálidos, se meterían en un rincón de su casa y no volverían a  salir. Vuelvo a repetir, sería una pena  tener unos “jóvenes viejos”, algo que no me cansaré una y otra vez de ponerlo negro sobre blanco.

Traigo aquí el tema de la pandemia de 1918, del aceite de colza y la talidomida, como ejemplos, porque considero, y sería necesario que desde el gobierno se hiciera una campaña “agresiva” como se ha hecho en algunos casos por parte de la Dirección General de Tráfico en el tema de seguridad vial, dirigida a toda la población, y en especial a este colectivo  de jóvenes irresponsables, haciéndoles ver las consecuencias tan graves que acarrea un comportamiento fuera de lugar.

Tal vez esa parte de la juventud irresponsable, no piense que tiene familia, y si lo piensa no se entiende cual es su objetivo, porque nadie les prohíbe que se diviertan, pues así debe de ser ya que la edad lo requiere, pero ¿realmente es diversión lo que hacen? ¿quedan satisfechos con esa forma de actuar?, no creo que les llene mucho el espíritu, el alma o a lo que narices aspiren. Ese tipo de diversión, me recuerda tanto antes como ahora, a quien iba a un guateque o a una fiesta de ahora y a los diez minutos se emborracha y entonces para él la fiesta ha terminado ¡fieston de verdad el que ha pasado! al día siguiente, en mis tiempos, se lamentaba de haber terminado tan pronto la “diversión”, que no era otra cosa que la borrachera.

Este país ha estado confinado mucho tiempo, cada cual lo hemos llevado de una manera o de otra, y también las circunstancias particulares de cada casa han sido muy distintas, pero no hemos aprendido nada, o así me lo parece, si hubiéramos aprendido la lección a lo mejor otro gallo cantaría, pero sigue cantando el mismo gallo que en marzo cuando esto empezó a desbordarse, y llegarán las navidades y no podremos matar ese gallo que teníamos preparado porque el virus estará ahí.

Se pensará lo que se quiera de la dureza de mis palabras contra este colectivo irresponsable y desnortado, allá cada cual, pero mucho más duro es ver, como muere la gente, como se arruina la gente, como vamos a salir de esta, y todavía ¿tenemos que reír las gracias de los imprudentes?, lo que faltaba, hasta ese extremo no creo que nadie llegue, porque los hechos que suenan a chistes macabros la sociedad no debe estar preparada para admitirlos, así lo pienso, así lo creo y así lo digo. No seria de recibo tener en el futuro a “esos jóvenes viejos” que así se convirtieron por una negligencia, que no sólo les repercutió a ellos sino que alcanzó a otros más próximos, sin comerlo ni beberlo.

¿Qué hacer con estos casos? ¿Denunciarlos? ¿Poner un policía detrás de cada uno?¿pero se cobran las denuncias? La cuestión es difícil, y tal vez todos tengamos una parte de culpa porque no hemos sabido, no hemos podido o no hemos dado con la tecla para que se responsabilicen, a lo mejor hemos criado una parte de esa juventud, mimada, con todo boquita que quiero, o ¡qué se yo! Y ahora ya es tarde, y no se encuentra la fuerza adecuada para hacerles entender que se van a perjudicar de cara al futuro con su actuación, y que piensen que el “toro” si andan mucho a su alrededor les acabará cogiendo.

Desde luego que parar estos desaguisados, es una necesidad urgente, no se puede, ni  debe pasar ni un solo día más, porque día que pase, día que se ponen en peligro vidas humanas, y la gente no puede estar pagando las juergas y la sin razón de quienes no tienen ni pizca de conocimiento, o realmente creen que con ellos no va eso del bicho.

Antes de terminar quiero hacerme algunas preguntas: ¿Qué pueden hacer los ayuntamientos de cara a poner coto a los botellones? ¿Tienen la suficiente capacidad legal para evitarlos? Si tiene capacidad legal ¿tienen los medios suficientes para poder atajar el problema? ¿y si no tienen los medios suficientes, es fácil que se los proporcionen a quienes corresponda hacerlo? Es interesante dar respuesta a estas preguntas para poder tener una idea clara de lo que realmente se puede hacer desde la administración más cercana al ciudadano, y de no ser así exigir a quien corresponda se pongan los medios necesarios para paliar un problema de la máxima urgencia y necesidad.

Termino: CUANDO SALGAS, DIVIÉRTETE, PERO RESPETANDO LAS NORMAS, APUESTA POR LA VIDA, Y PIENSA QUE VIVES CON OTRAS PERSONAS, NO LAS PERJUDIQUES Y NO TE PERJUDIQUES A TI MISMO. SI NO LO HACES CON RESPONSABILIDAD, ES QUE NO HAS ENTENDIDO NADA.

 

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