El Comentario

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Eusebio Cedena / El lado bueno

EL LADO BUENO DE LAS COSAS

Ejemplo y alegría de mi amigo Manolo y un Bono estremecedor

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Mi amigo Manolo y la alegría

Allí donde quede un mundo por descubrir y la vida rompa en plena ebullición aparece el gran Manolo Cerdán. Donde haya un amigo y una buena conversación, donde se monte una algarabía o una fiesta y no existan lugares comunes. Donde estalle todavía una alegría perdida que se pueda recuperar o alguien a quien conocer y dar un abrazo, allí está Manolo. Manolo con su puro y su traje. La elegancia, la felicidad de las buenas cosas sencillas, el sentido de la vida. ¡Qué gran tipo Manolo! Ochenta y nueve años y la curiosidad y la vitalidad y la generosidad más vivas que nunca. No se puede tener el ánimo más joven e inquieto, así pegue un millón de vueltas el mundo. ¡Qué tío más envidiable y qué corazón más grande! Todo aquello que amamos y perdimos termina convertido en alegría, según el escritor Manuel Vilas, y esta debe ser una importante verdad porque mi amigo Manolo nunca enseña las cicatrices de las derrotas, si es que las tuvo, y a su lado no se puede estar triste. La nostalgia siempre se queda fuera, sólo está el lado bueno. Uno pensaba en el Manolo confinado de estas largas semanas y en sus diversos estados posibles del alma, pero empieza a salir otra vez el sol y yo no veo más que la humanidad gigante de siempre, el porte mejor plantado que nunca y un admirable corazón para abrir otra vez las puertas de par en par a todo el que tenga que llegar. Esta foto que me envía Pedro Antonio López Gayarre me ha alegrado el día, porque así es Manolo, un tipo que a ciencia cierta duerme con traje, que es la vida eternamente dispuesta y una casa muy grande en la que siempre te van a acoger. Una casa con Sara dentro, que es el alma y el centro de todo. Gracias, Sara. Gracias, Manolo. El ejemplo que nos dais. El mundo es más bueno y más limpio.

 

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El viento se lleva el tesoro pero no el futuro y la risa

Que irrumpan la felicidad y la risa y se despeje el futuro justo al momento en el que acabas de comprender que se esfumó para siempre el tesoro en el que habías trabajado tanto y depositado todas tus esperanzas, cabalmente en ese preciso instante, es una suerte del destino no sólo maravillosa, sino sobre la que cabe sentarse un poco y echar un vistazo. Y alegrarse abiertamente. He vuelto a “El tesoro de Sierra Madre”, y John Huston, con esta gran historia, me ha puesto en la piel esa opción fascinante en la que no siempre pensamos pero que, con frecuencia, es la única que nos salva de caer en la derrota o la melancolía: la decisión de seguir en pie y mirar las nuevas perspectivas que se han abierto después del fatal golpe del viento. O que ya estaban ahí pero no las veíamos. Es verdad que la vida no siempre que te golpea con las caprichosas embestidas del mar a la vez te pone delante la posibilidad de elegir, pero hay ocasiones en las que ver despejado y azul el cielo es sólo cuestión de cambiar el enfoque o el sitio de la mirada. Perder un poco la gravedad. No sé si “El tesoro de Sierra Madre” es una obra maestra, ni tampoco me importa mucho, pero ha sido tan fácil disfrutar de cada plano de la película y entrar en esos seres humanos que tanto se nos parecen que hasta le perdono a John Huston haber dado a Humphrey Bogart el papel del “malo” y hacerle sucumbir triste y duramente ante la realidad. La vida puede llevarse todo por lo que siempre has luchado, pero el final de este tesoro de Sierra Madre es una pura felicidad. Toda una aventura. Qué bonito y qué gran John Huston

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Estremecedor Bono con Pavarotti

Que esta estremecedora “Miss Sarajevo” que U2 y el inolvidable Luciano Pavarotti publicaron en 1995 bajo el nombre de Passengers sea un himno de libertad que todo el mundo canta y reconoce tiene un punto adorable de justicia poética. La canción es sencillamente impresionante, toda la vida me ha emocionado. Recién editada y sin yo conocerla, “Miss Sarajevo” empezó de pronto a sonar y me quedé paralizado: entraba Pavarotti con esa fuerza poderosa y, fascinado, ya quise esa canción para siempre. El milagro de escucharla por primera vez. Passengers, la suma de Bono, U2 y Pavarotti, homenaje a Sarajevo, a la gente, a las víctimas en medio de la guerra de los Balcanes. Probablemente lo mejor que ha compuesto Bono. Es verdad que U2 son una gran banda de rock, pero más allá de sus tres o cuatro primeros discos, realmente sorprendentes, no tienen más que algunas buenas canciones, un espectáculo en directo arrollador y una fama que me parece dos puntos sobrevalorada. Pero “Miss Sarajevo” es una joya que por sí misma lo vale y lo justifica todo.

   

 

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