El Comentario

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Alfonso Silva

¿Quién me ha robado la Navidad?

Querido Baltasar: Siempre has sido mi rey preferido. Tengo un recuerdo imborrable de mi tierna infancia de cuando, se supone, irrumpiste en el dormitorio de los hermanos en mitad de la noche. Recuerdo la capa roja, el turbante en la cabeza rematado por una gran piedra preciosa y la tez negra como la noche. Fue una autentica impresión. Luego, con el paso del tiempo, alcancé a reconocer que la capa era el tapete de la mesa camilla, el turbante una bufanda y la piedra un broche de bisutería heredado de una abuela. También comprendí que la tez no era negra natural si no fruto del picón del brasero y recordé que el bigote era el de mi padre; pero entendí que no podías estar en todos sitios y que dejaste el encargo a mi padre para hacer de repartidor antiguo de Amazon. Nunca tuve que ir al psicólogo por eso y te seguí teniendo fe. Ya sé que ésta es una mala época para la monarquía, y te digo que, en lo político, soy republicano no beligerante, pero en lo tocante a la Navidad soy monárquico cerrado.

Prefiero que me traigas los pedidos tú, aunque sean de carbón, a que me los entregue un republicano con sobrepeso, con una indumentaria de saldo, una barba descuidada y una risa que denota que se ha pasado con el pacharán o con el licor que se beba en Laponia. Donde estén unos buenos camellos que aparcan en la puerta, que se quiten unos renos que tienen que hacer un aterrizaje forzoso ente las parabólicas y las chimeneas de la calefacción del tejado. En fin Baltasar, además, he de recordarte que tú y tus compañeros fuisteis los primeros en hacer turismo de negocios y en inventar el tapeo en el bar del nacimiento y ya ves, aquí aprendimos a disfrutar compartiendo penas y alegrías con una tapa y una bebida y ahora más de 1.300 millones de cuerpos humanos se mueven anualmente por el globo terráqueo por temas de turismo. De ellos una buena parte venían a España, pero mira Baltasar como ha quedado el panorama entre los bichos que no se ven y los que usan corbata. Nos va a costar recuperarnos.

Ya se que este año tendréis mucho lío en la sección de salud y en la de vacunas, así que no voy a pedirte mucho más. Hombre. Balta, si entre Pfizer y Moderna puedes echarme unos cuantos euros, no me vendrían mal dada la situación. Pero ya que vais a traer alforjas de más, te pediría que, para no volver de vacío, te lleves a algunos de nuestros políticos, a los malos, que son muchos. Te pido que te los lleves porque si se quedan aquí, mucho me temo que, cuando lleguen las elecciones, los españoles, aquejados de este fatalismo histórico y enfermos de este complejo de culpa y de pedir perdón por de donde venimos, volveremos a votarles; sí, Baltasar, sí; aunque te parezca imposible, este pueblo no ha aprendido todavía a pasar facturas. Por lo menos, si os los lleváis, entre que van y vuelven, no tendremos más remedio que elegir a los que nos dejéis, que serán los buenos y, así, este país podrá enderezar su historia sin que sintamos ningún complejo.

En fin, Baltasar que alguien nos ha robado la Navidad. No es hora de buscar culpables. Es hora de que nos la devuelvas. No una nueva, no, la de antes, la de botella de anís, zambomba y polvorón. La de villancicos un poco picantes en la barra de nuestros bares. La de seguir mirando como beben los peces en el río y seguir preguntándonos cómo se apañó el bueno de San José para pillarse una gónada con los alicates. La Navidad, Baltasar, de la reunión familiar, la de la lágrima por aquellos que ya se fueron. Y es que Balta, tengo un saco lleno de besos y abrazos atrasados y tengo que empezar a gastarlos. Si, ya lo sé, sé que te pongo una tarea dura pero también piensa que además de tu empleo de rey, también tienes la condición de mago y seguro que, con unos polvos y unos toques de varita, esto lo arreglas en un amén.

Alfonso Silva García, vicepresidente de la Federación de Empresarios de Hostelería de Castilla-La Mancha

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