09 de diciembre de 2019
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El Comentario

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CONSTANTINO LÓPEZ

La desconocida actividad comercial de Miguel de Cervantes: ¿la exportación de vino a América?

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Miguel de Cervantes

Nuevos documentos aparecidos recientemente apuntan a que nuestro primer escritor -así lo denominó Juan Goytisolo- pudo trabajar como agente comercial a sueldo o comisión.

Para relacionar a Miguel de Cervantes con el mundo del vino, en el que podría haber sido introducido de la mano de su amigo Simón Hernández,  del que recordemos apadrinó junto con su mujer Catalina de Salazar, a su hijo Juan en Esquivias y con quien pudo viajar a la Mancha en su negocio de compra venta de vinos y especialmente visitaría El Toboso para adquirir tinajas que en esta villa se fabricaban con gran fama, con el fin de destinarlas al almacenamiento del preciado caldo, basta remitirnos al artículo «El ilustrísimo vino de Cervantes» de Alonso M. Cobo  publicado entre otros medios por Todoliteratura o en LaManchaWines.

Recientemente José Cabello Núñez, archivero de la Puebla de Cazalla, puso en el mapa cervantino a Magdalena Enríquez, proporcionando el nombre de esta mujer sevillana, presentándola como una comerciante dedicada a la fabricación de bizcocho para la Armada, a la que Cervantes facultó ante escribano público para que pudiera cobrar el salario que se le adeudaba por sus trabajos como comisario de abastos al servicio del rey.

Todo tiene que ver con el acopio de trigo, cebada, aceite y queso con destino a alimentar las tripulaciones de los barcos españoles,  para lo que Cervantes fue comisionado por Miguel de Oviedo, el proveedor general de las galeras de España, que le había encomendado el 7 de julio de 1593 conseguir todo el trigo que pudiera hallar en los municipios situados a doce leguas a la redonda de Sevilla, señalando expresamente las villas de Gerena, Almonte, El Puerto, Rociana, Bonares, Niebla, Lucenilla, Beas, Hinojos, Bollullos, Manzanilla, Escacena, Huevar, Castilleja del Campo, Alcalá de Guadaíra, Paterna, La Palma, Villamanrique y Villarrasa.

Doña Magdalena Enríquez estaba dentro del negocio de los bastimentos, ya que era la dueña de una fábrica de bizcocho y proporcionaba este alimento para los barcos de la carrera de Indias. Según hace notar Cabello Núñez en su trabajo «Nuevos documentos para la biografía de Miguel de Cervantes Saavedra, un comisario real de abastos en los antiguos Reinos de Jaén y Sevilla (1592-1593)» publicado en Anales Cervantinos, dos años antes de conocer a Miguel de Cervantes, Magdalena Enríquez apenas si sabía firmar y una vez cultivada la amistad con el escritor (así como también la amistad de su vecino Tomás Gutiérrez de Castro, posadero y amigo de Cervantes), no sólo aprendió a leer y escribir sino que como ya hemos apuntado anteriormente,  fue la persona designada por Cervantes mediante poder notarial para cobrar 19.200 maravedíes de atrasos que se le debían por servicios prestados al proveedor Cristóbal de Barros y reclamarlos ante la Casa de Contratación de Sevilla.

Además de la fábrica del bizcocho, tanto Magdalena Enríquez como su padre Juan Enríquez de origen flamenco pero residente en Sevilla desde 1580, estaban muy introducidos en el mercado de vinos con las Indias.

Sobre Juan Enríquez aporta datos muy interesantes Juana Gil-Bermejo García en su trabajo «La Española, anotaciones históricas (1600-1650)» encontrando sobre él múltiples referencias de su presencia en Santo Domingo, concretamente en 1603, donde llegó en el  navío «San Juan Evangelista» del que era su principal cargador. Así mismo, en 1606 cargaba en el filibote «San Pedro» del que era dueño (navío de origen flamenco, que era el tipo de barco mercante más avanzado y capaz de la época,  para cuya maniobra  bastaba una mínima tripulación), géneros por valor de 1.786.000 maravedíes.

Su hija Magdalena Enríquez figura en 1608 como dueña del filibote “Nuestra Señora de la Esperanza”  que desde el puerto de Garachico (Tenerife) partió para Santo Domingo llevando un cargamento compuesto de 120 pipas (unos 60.000 litros de vino) y 463 quintales de brea (unos 21.300 Kg), lo que nos permite evaluar que el tamaño del navío no bajaría en ningún caso de las 100-120 toneladass.

Por lo tanto no se trataba de comerciantes menores, ni de intermediarios, sino que la familia Enríquez poseía sus propios barcos y se dedicaba, entre otras cosas,  al transporte de vinos a América,  lo que nos induce a pensar si el verdadero vínculo entre Miguel de Cervantes y Magdalena Enríquez no sería el del comercio de vinos con el nuevo Mundo.

Constantino López. Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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