El Comentario

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Alberto González

Madrid después de la pandemia

Alberto González Alberto González

Siento verdadera curiosidad por ver la evolución del padrón municipal de Madrid desde la aparición de la pandemia. Madrid la gran ciudad o una especie de “jungla de asfalto” en que se ha convertido, lleva creciendo según datos, los dos últimos años, pues bien, tengo la sensación, por lo que veo y oigo a gente que antes   estaban empadronadas en Madrid que ahora están abandonando la ciudad. Lo que procede ahora ver es en qué proporción, esa proporción nos puede dar las pautas del futuro Madrid.

Tampoco hay que llamarse a engaño, una ciudad no tiene una disminución escandalosa en su censo si no es por razones muy poderosas en las que la vida se haga imposible, por falta de trabajo, o por circunstancias que se escapen a la realidad, pero sí puede ir perdiendo paulatinamente habitantes por encontrar estos una vida más fácil y atractiva en otros lugares.

Madrid, si nos detenemos en su forma de vida, está perdiendo ese atractivo que tenía años atrás, y la pandemia descubriendo unas carencias que son fáciles de  paliar en otros lugares, bien en pueblos o ciudades pequeñas que van a dar a las gentes una forma de vivir tranquila, con viviendas asequibles, bien acondicionadas, un trabajo al que se puede acceder con facilidad, y en términos generales una vida plena que va a permitirle a la persona disfrutar más de sus hijos y de la familia en general.

Dicen algunos sociólogos que Madrid te ofrece cultura, universidades y otras cuestiones que no hay en otros lugares, y que por tanto, es un aliciente para la vida, cierto, pero eso no está al alcance de la mayoría de los trabajadores que se levantan a las seis de la mañana, se meten en unos transportes abarrotados, comen fuera de su casa, y regresan a casa a las ocho de la tarde, y a final de mes les pagan un sueldo que prácticamente no les llega para vivir. Ya me dirán que puede disfrutar ese trabajador de un teatro o cualquier espectáculo de otro tipo, y el fin de semana, si es que dispone de él, a lo mejor solo puede dar un paseo con la familia. Menuda vida, pues bien, ese trabajador que con la pandemia puede haber sido despedido, no es de extrañar que busque alternativas, e incluso se haga una persona emprendedora, salga de la “jungla de asfalto” y pueda irse a una ciudad o pueblo de donde era originario, y habilitar la casa de sus padres o abuelos que tenia heredada, o comprar una mucho más barata que en Madrid, y ponerla en mejores condiciones, pues ya la mayoría de  los pueblos ofrecen los servicios que hace unos años no tenían.

Lo que digo anteriormente, es algo que ya se ve en el entorno de uno, familias empadronadas en pueblos que han escolarizado a sus hijos en el centro, y habitan la casa de sus antepasados. La causa, en unos casos es el teletrabajo, y en otros, la imaginación y el emprendimiento, y no echan de menos la gran ciudad, es más, están encantados, y en cuanto a la cultura, tienen el fin de semana y el dinero suficiente para ir a ver a la ciudad una obra de teatro, o un espectáculo deportivo cuando así les apetezca, recorriendo una distancia asequible que no le supone ese trastorno que tenía en la gran ciudad a diario, y con más ganas de vivir en un entorno puro y no contaminado, algo que Madrid no ofrece.

Cada día se ven más reportajes, que nos ofrecen las televisiones, en los que gentes de todos los niveles, se empadronan en pueblos muy pequeños, buscan la forma de vivir, la encuentran, y manifiestan con claridad que no echan de menos a la gran ciudad, y que sus casas son más cómodas, amplias y baratas que lo que habían dejado atrás, y tienen hijos que, en ocasiones, van a un pueblo cercano al colegio o al instituto y que el día de mañana irán a la universidad.

Madrid es Madrid, es una ciudad muy atractiva para quien tiene una vida saneada, un trabajo muy bien remunerado, y para el señorito con una posición desahogada porque así podrá disfrutar, pero para el currante que trabaja de sol a sol, es más bien una ciudad incómoda.

¿Qué pude ocurrir si hay una “desbandada” por causa del trabajo y la forma de trabajar? Que esa “desbandada” puede ser perjudicial para los intereses de la capital. A lo mejor, el teletrabajo, deja en la estacada a su centro financiero y todo lo que hay alrededor de el se venga abajo, es decir, en castellano, se arruine, y bares, restaurantes y otros tipos de negocios tengan que cerrar, y esas grandes torres de oficinas empiecen a quedar vacías y sus propietarios dejen de alquilarlas. No digamos la cantidad de pisos en alquiler que existen, pisos que tendrán que bajar el precio, y aún así, si la ciudad ha disminuido será muy difícil de alquilar, y ello traerá consigo que los especuladores y los fondos buitre entrarán en quiebra. Ya es una realidad la bajada en los precios de alquileres en Madrid y Barcelona y que los fondos buitre entran en pérdidas y venden aceleradamente su cartera de viviendas en las grandes ciudades.

Esa “desbandada” de ciudadanos llevará consigo, además de lo expuesto anteriormente, que muchos negocios de barrio cierren, la tienda de barrio, el bar de barrio, el taller de barrio y así una cadena que también tendrán que transformar sus negocios o buscarse la vida en otros lugares.

No es ninguna quimera esto que escribo, es una realidad que ya está ocurriendo, y que la pandemia  se está encargando de dejarlo al descubierto. Hoy día la calidad de vida está en lugares distintos a las “junglas de asfalto”, las comodidades son iguales, o mejores, las viviendas se pueden acondicionar perfectamente, la sanidad está también al alcance, al igual que la educación, y esta no es mejor ni peor que la de la gran ciudad porque existen medios que te pueden poner en igualdad de condiciones.

No digo que la pandemia sea la coartada para esa España vaciada, pero no tengo ninguna duda de que ya no se va a producir tan alegremente un abandono de los pueblos y ciudades pequeñas hacia la gran ciudad, porque esa gran ciudad ha dejado de ofrecer todo aquello que se creía era lo mejor para la vida de las personas, y los pueblos y ciudades pequeñas han entrado, no en una disputa, pero si en una forma de ofrecernos algo que hace años no podían, y ese algo está al alcance de las gentes.

Hoy día es muy fácil desplazarse de los pueblos a la gran ciudad o a otras más pequeñas para disfrutar de esos eventos culturales y deportivos, y se puede hacer individualmente o colectivamente, como ya es el caso, y vuelta de nuevo al pueblo, y otra cuestión, aunque en los pueblos no haya universidades, de ellos también han salido grandes profesionales y buenos cerebros en todos los ámbitos de la vida.

Madrid y otras grandes ciudades pueden empezar a tener graves problemas si se producen ciertos movimientos en el mundo del trabajo.

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