13 de noviembre de 2019
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El Miradero

El Miradero

Ana Nodal

Va por Juan Sánchez

La verdad es que volver después de vacaciones a Toledo en agosto no es fácil. Así las cosas, después de leer el programa de las ferias, seguir sorprendida ante el nuevo gobierno de Page en Castilla-La Mancha, ojalá nos dé muchas alegrías, contemplar el estado agónico de nuestro río y sufrir el agobio del intenso calor que nos asola, he recibido con gran satisfacción el artículo del director de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, Juan Sánchez, publicado en este periódico, que lleva por título "Políticos de Castilla-La Mancha, ¡no apoyen a las bibliotecas!". Un aplauso para él. 

Pues sí, porque en estos tiempos en los que nadie se atreve a salir del rebaño, en los que cualquier reivindicación viene teñida de un marcado carácter político, de uno u otro signo, comprobar que alguien se atreve a alzar la voz defendiendo la cultura sin escatimar elegantes críticas al Gobierno del que depende su cargo, supone un delicioso respiro. La independencia y la valentía se pagan caras y, simplemente por eso, Juan Sánchez merecería toda mi admiración. 

Pero, claro,  su mérito va más allá. El director de la Biblioteca de Castilla-La Mancha es un profesional excelente que ha conseguido convertir este centro en una de las referencias culturales de la Comunidad y no sólo por su colección de libros, sino por su variado programa de actividades, que van desde presentaciones hasta cine, pasando por conversaciones en inglés, conferencias o exposiciones variopintas, sin mirar la ideología,  solo en busca de una calidad que ha convertido al Alcázar, otrora un edificio casi fantasma, en el más visitado de Toledo.

La Biblioteca es un punto de encuentro de estudiantes, profesionales de lo más diverso y gente que, como bien dice en su artículo Juan Sánchez, buscó entre sus muros satisfacer una pasión por leer que la crisis casi vetó.  Reconozco que mi relación con la Biblioteca de Castilla-La Mancha se produjo, precisamente, a raíz de esa época en la que había que decidir entre pagar la luz o comprar un libro. Y ahora se ha convertido en un flechazo.

Ir a la Biblioteca se ha convertido en un rito, allí buceas en sus fondos, encuentras la novela que no buscabas y te pones en lista de espera, paciente siempre, para lograr esa otra novedad que te atrae. Después, subes a la cafetería y contemplas Toledo. ¿Hay placer más barato y más hermoso?

Sí, gracias a Juan Sánchez, un tipo abierto, tolerante y apreciado desde los más rigurosos extremos, los castellano-manchegos, los toledanos, ¡qué suerte!, tenemos a nuestra disposición este gran templo del conocimiento, siempre abierto a cualquier iniciativa. Y él se ha atrevido a dar un tirón de orejas, en clave de ironía, además, a ese gobierno de la región que ha pactado unos presupuestos en los que las bibliotecas quedan en el olvido. Porque es cierto que la que él dirige ofrece un amplio horario, unas prestaciones estupendas y unos fondos que se enriquecen paulatinamente, aunque, a buen seguro, no con la premura que él y los usuarios querrían, pero es una lástima que las bibliotecas municipales o las de otras instituciones públicas no respondan a expectativas similares, siempre salvando las distancias, evidentemente.

Dicen que a los políticos no les interesa un pueblo culto porque es difícil de amansar, de controlar. No sé si el nuevo Ejecutivo de Castilla-La Mancha estará en esta tesitura, pero mientras personas de relieve en esta tierra muestren la valentía y la independencia de Juan Sánchez quedará un resquicio para esa rebeldía que impida la resignación.

 

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