El Pasante

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JAVIER DE PABLOS

Vino afrancesado

No cesa Castilla-La Mancha de recibir fondos para la reestructuración de su viñedo. Unas partidas que más que lograr producciones de mayor calidad y ordenación del sector, parecen que sirven para agravar aún más los problemas de este compartimento tan esencial para nuestra economía . Los últimos concedidos han sido esta misma semana por valor de 35 millones de euros, además de otros 3,2 millones a unas cuantas bodegas y cooperativas de la región para la promoción de sus vinos en países fuera del ámbito de la Unión Europea.

Coincidiendo con este anuncio del Ministerio de Agricultura, las autoridades francesas descubrían una estafa en el sector vitivinícola de notables dimensiones. Más de 70.000 hectolitros de vino rosado español, unos diez millones de botellas aproximadamente, han sido comercializadas ilegalmente como vino francés tanto en el país vecino como en otros mercados. Un “afrancesamiento”, así se conoce el fraude, consistente en embotellar gráneles de otros países y etiquetarlos posteriormente bajo la denominación “vino de Francia”, o de cualquier indicación geográfica protegida francesa, un rango inferior a la denominación de origen. Una cadena fraudulenta, que no parece haya sido la primera, que incluye a productores, importadores, intermediarios, y distribuidores que están siendo investigados por la Justicia gala.

España, con Castilla-La Mancha como la región que produce la mitad de todo el vino del país, tuvo la pasada campaña unas ventas de 22,8 millones de hectolitros por valor de 2.850 millones de euros, según datos del Observatorio Español de los Mercados del Vino, lo que nos convierte en líderes mundiales de exportación vitivinícola por delante de nuestros principales competidores como Italia, con 21 millones de hectolitros, y Francia, quince millones. De este volumen, cerca de cinco millones de hectolitros exportados por España fueron a parar a Francia para posteriormente ser comercializados en parte como ”vinos del país”, como han denunciado las autoridades galas. Un negocio fraudulento con beneficios millonarios gracias en tantas ocasiones a la necesidad de nuestras bodegas y cooperativas de vender con urgencia ingentes cantidades de vino,  siempre atentas de la llegada del corredor de turno para poder dar salida a sus caldos. Unas sociedades ancladas todavía en los mercados del volumen, en lugar de los del valor, que siguen sin primar el pago por calidad del fruto recibido, ni planificar adecuadamente las plantaciones y las campañas en función de las necesidades de mercado. Unas estructuras todavía deficientes que siguen transfiriendo a terceros la mayor parte del valor añadido del producto.

Las autoridades francesas anuncian para los infractores penas de hasta dos años de cárcel y multas de 300.000 euros que pueden elevarse hasta el 10 por ciento de la facturación. Una nadería de castigo si lo comparamos con los beneficios millonarios que llevan obteniendo estos presuntos delincuentes. Unos sujetos que compran gráneles en nuestro país por menos de 0,40 euros litro de media, algo menos de la mitad que si adquirieran el vino en su país, y que luego venden como franceses obteniendo pingües beneficios. Una cantinela que les debe sonar, aunque no precisamente a música celestial,  a nuestros productores, bodegas y sociedades cooperativas.

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