El Pasante

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Javier de Pablos

No salimos de pobres

Asistimos todos los días en Castilla-La Mancha a una catarata de floridos anuncios por parte de representantes de su Gobierno sobre nuevas fabricas e instalaciones, creación de puestos de trabajo, aumento de exportaciones, ayudas y subvenciones sin fin, más plazas y empleo público… mientras la región y sus ciudadanos continúan en el furgón de cola de la economía de este país. Los datos son tozudos. Seguimos encontrando al PIB por habitante en Castilla-La Mancha entre los más pobres de España (19.819 euros), 5.245 menos que la media nacional, según recogen las estadísticas sobre contabilidad regional publicadas por el INE correspondientes al año 2017.

Aunque la brecha entre el PIB per cápita entre la región más rica (Madrid/33.240 euros) y la más pobre (Extremadura/17.554) se ha reducido en los últimos años, Castilla-La Mancha permanece inalterable en la cola de la economía española. Tan sólo por detrás de Extremadura y Andalucía, es decir, las regiones en este país que junto a la nuestra generalmente siempre cierran este tipo de estadísticas. Una crisis permanente que el Gobierno de Castilla-La Mancha no ha sido capaz de cicatrizar nueve años después. Un periodo de tiempo donde el empleo, con una de las tasas más elevadas de paro especialmente el juvenil, y su precarización, sigue dejándose notar en la economía de muchos hogares de esta tierra. Igualmente con el Producto Interior Bruto regional, donde, según los datos del INE, Castilla-La Mancha, en plena recuperación y con el PIB creciendo al 3 por ciento de media en toda España, aún no ha recuperado los niveles precrisis de riqueza, al situarse su PIB en 2017 todavía un 1,9 % por debajo de 2008.

A los pésimos datos del PIB regional y de la riqueza de sus ciudadanos, se pone de manifiesto igualmente la resistencia del Gobierno autonómico a sanear sus cuentas. El último Observatorio Fiscal elaborado por FEDEA confirma que nuestra región no cumplirá este año su objetivo de déficit, marcado en el 0,4 por ciento del PIB, de la misma forma que tampoco lo hizo en 2017. Un objetivo cuyo cumplimiento parece seguir sin entrar en los planes de la Administración regional, corriendo incluso en esta época el riesgo de incrementar el gasto por mero electoralismo si, como observamos cada día, no cejan sus representantes de seguir cacareando anuncios tan elocuentes y prometiendo gastos mayores de lo que ingresan sus arcas. Una bola de la deuda que no cesa de crecer y unos ciudadanos más pobres que antes de la crisis, en 2008.

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