18 de octubre de 2019
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Entre Bolos

Entre Bolos

Alberto Morlanes

Anormalidad democrática en Castilla-La Mancha

La próxima semana, el miércoles y el jueves, se celebrará en las Cortes de Castilla-La Mancha el Debate sobre el Estado de la Región. El primero desde que Podemos entrase el pasado verano en el Ejecutivo del socialista Emiliano García-Page. Va a ser curioso ver a los diputados morados María Díaz y David Llorente hacer malabares para seguir pareciendo oposición cuando ya no hay duda de que son gobierno. Manda lo que diría Trillo que, después de tantas heridas de guerra, Pedro Sánchez acabe pactando con Mariano Rajoy la reforma de la Constitución y García-Page se haya visto obligado a colocar a José García Molina como su vicepresidente segundo.

Me temo que el 'catalaverano' García Molina se convertirá en protagonista de la cita. O, al menos, así lo pretenderá el PP. Su polémica reunión con Junqueras en la previa del gatillazo independentista (convocó en calidad de vicepresidente de Castilla-La Mancha, cabreó a García-Page y luego se desdijo) ha valido a los 'populares', desde entonces, para pedir su dimisión culpándole de estar con los golpistas. En realidad, el jefe de Podemos CLM nunca apoyó la independencia sino el diálogo, aunque es cierto que en su viaje a Barcelona optó por hacerse la foto con los del bando golpista. A Iceta, Arrimadas o Albiol no se le ocurrió hacerles una visitilla. Pese a ello, me gustaría que el PP no perdiese demasiado el tiempo ahondando en este asunto (a los castellano-manchegos nos ha quedado más que claro) y que, con buen tono, optase por debates más productivos para todos.

Se me ocurre que, por ejemplo, los tres grupos parlamentarios podrían aprovechar el Debate para sentar las bases de una postura común en defensa del agua de la región que es imprescindible y que, después de tantos años, ni siquiera ha arrancado todavía. ¿Nunca se van a tomar en serio un asunto de tanto calado como este? Altura de miras, por favor. Y diálogo, mucho diálogo, como el que pide García Molina para Cataluña. La vida, en este caso, ya se ha independizado unilateralamente del Tajo.

Fernández Vaquero, por su parte, tiene la oportunidad de serenar los ánimos, como ha hecho durante buena parte de su mandato como presidente de las Cortes castellano-manchegas. El también secretario de Organización del PSOE regional ha estado siempre a la altura del cargo, aunque se equivoca cuando quita la palabra a los diputados que, según su criterio, no se ciñen a la cuestión. Que sus señorías aprovechen el tiempo como les venga en gana y los ciudadanos ya juzgarán. Desde luego, esta Legislatura no será recordada por el nivel de las intervenciones en la tribuna.

Pero toda la culpa de su escaso lucimiento no es solo de los propios diputados sino de las extrañas circunstancias políticas con las que les ha tocado convivir. La teórica jefa de la oposición, María Dolores de Cospedal, se fue del Parlamento a las primeras de cambio para ejercer como ministra de Defensa. García Molina, que en sus inicios se presentaba como el mayor azote de García-Page, fue precisamente quien le hizo presidente y ahora forma parte de su gabinete como número 3. Y el reglamento le permite a García-Page eludir el control parlamentario sin la obligación de participar en los plenos ordinarios. El presidente de la Junta (tanto este como los anteriores) hace acto de presencia en Gilitos, hasta que le hacen la foto, y observa durante un rato con la mirada perdida y escaso interés. La próxima semana, durante el Debate sobre el Estado de la Región, hablará sin límite de tiempo y debatirá con los grupos. Disfrútenlo porque no se volverá a repetir hasta el año que viene. Toda una anormalidad democrática que, sin duda, no le hace bien a la política castellano-manchega. Si a los líderes no les interesa lo que allí se cuece, ¿por qué nos tendría que interesar a los demás?

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