EL DÍA DESPUÉS

La caída a Tercera División de un CD Toledo sin pasión, ni orgullo, ni coraje

Foto: Laura Pérez (CD Toledo)
Foto: Laura Pérez (CD Toledo)

El resultado final de una temporada nefasta para el CD Toledo ha sido el peor posible: el descenso de categoría. El año del 90 aniversario, que parecía uno de los momentos más ilusionantes de los últimos tiempos, ha terminado con el equipo en Tercera División.

Está claro que cuando un fracaso es tan estrepitoso las causas obedecen a múltiples factores. En el plano deportivo, pocas cosas han funcionado como se esperaba. Jugadores fichados para tener un papel protagonista y al equipo arriba no han estado a la altura. Y lo que es peor, en muchos casos no han exhibido el compromiso mínimo que se espera de quien viste una camiseta con 90 años de historia. En el partido del domingo se consumó la caída contra el Fabril por pura ineficacia goleadora, pero el equipo se había encaminado a este desgraciado final mucho antes, en tantos y tantos partidos –la derrota contra el Cerceda quizá sea el ejemplo más paradigmático- de deshonrosas actuaciones.

En honor a la verdad y a la justicia, dentro de la plantilla también ha habido excepciones.  La regularidad de profesionales de esto que han demostrado serlo pese a todas las circunstancias como Israel Castro o Toño Vázquez, el alma de futbolistas jóvenes que han dado toda una lección a otros con más pedrigrí y caché echándose el equipo a las espaldas como Charly Rodríguez, las ilusionantes maneras de Ayub, los aciertos invernales de Joni Montiel o Usero, o la dignidad de otros pesos pesados como De Lerma que  han dado la cara y nunca se han escondido. No son todos pero el aficionado que ha acudido regularmente al Salto del Caballo sabe perfectamente quién ha mostrado compromiso y quién no.

En el siguiente escalón, el de la dirección deportiva las cosas tampoco han salido bien. Más allá del acierto en la confección de la plantilla, la reacción que se buscó con la destitución de Onésimo pronto se convirtió en un circo surrealista con un entrenador que no podía entrenar y otro, Miguel Falcón, que día tras día ha sido el único que daba la cara y que fiasco tras fiasco ha mostrado estar a la altura del equipo de su corazón. Y eso, visto lo visto, es mucho.

Por desgracia, éste es el triste epitafio del CD Toledo con menos pasión, orgullo y coraje que se recuerda. Ahora toca ponerse a escribir el siguiente capítulo, que ojalá, sea el del regreso.

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