La Pregunta

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¿Qué se desprende de la historia del matrimonio de ancianos muertos en Madrid y enterrados en Toledo?

El Gobierno de Castilla-La Mancha está convencido de que un porcentaje importante de enterramientos en Castilla-La Mancha durante la crisis sanitaria del coronavirus es de personas que vivían en Madrid pero querían que sus restos reposaran en sus pueblos de origen. Calculan que ese porcentaje podría estar próximo al veinte por ciento del total de enterramientos registrados en la región estas últimas semanas.

Ponen como ejemplo la terrible historia que ha publicado este lunes el diario El Mundo sobre un matrimonio de ancianos residentes en Móstoles que murieron por coronavirus con diez días de diferencia y han sido enterrados en Santa Cruz de la Zarza (Toledo).

El mismo día y a la misma hora en la que María Antonia Jiménez, de 75 años y enferma de alzheimer, moría en el hospital de Móstoles ingresaba por urgencias Agustín García, su marido, que fallecería diez días después. Sus cinco hijos han perdido a la madre y al padre en un abrir y cerrar de ojos a causa del Covid-19.

Agustín y María Antonia se conocieron en Santa Cruz de la Zarza (Toledo). Acabaron trabajando en Madrid y tuvieron cinco hijos y siete nietos. Él se tuvo que jubilar a los 62 años como mecánico del Metro porque tenía las rodillas destrozadas. Emprendieron una etapa de descanso y disfrute de la jubilación, pero después sobrevivinieron las enfermedades neurológicas y degenerativas. Primero Agustín, con demencia senil, y después María Antonia, con alzheimer. Se cuidaban mutuamente.

Tenían asistencia médica a domicilio, pero prescindieron de ello para que no se contagiaran. Les cuidaba una hija, y los tres terminaron infectados por el virus. El 19 de marzo hospitalizaron María Antonia, sin que ella supiera qué le pasaba. El 25 moría y ese mismo día, a la misma hora, entraba el padre por urgencias. Probaron un nuevo fármaco con Agustín, pero no sirvió de nada. El 30 de marzo murió.

Al entierro en Santa Cruz de la Zarza solo pudieron acudir dos de los hijos. Fueron enterrados juntos en el cementerio del pueblo el día después del fallecimiento de cada uno. Tenían un lugar donde podían reposar sus restos fuera de Madrid, y eso facilitó las cosas.

Como en tantos otros casos de castellano-manchegos que viven en Madrid y que son enterrados en sus pueblos natales. Hay 250.000 personas de origen castellano-manchego que viven en la capital de España, en un gran porcentaje de edad avanzada. A muchos de los que están muriendo les están dando sepultura aquí y forman ese 20 por ciento de enterrados en Castilla-La Mancha que proceden de Madrid. Según la Junta.

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