Más que Palabras

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ESTHER ESTEBAN

Vestir al muñeco

Pensé que estaban vistiendo el muñeco y lo sigo pensando, pero las condiciones de VOX, por excesivas, se han convertido en un problema no solo para avanzar en la constitución del Gobierno en Andalucía si no para el PP y Ciudadanos, en el sentido de que ir de la mano con un socio que pone tales exigencias es inasumible.

Si como han dicho algunos analistas con esas condiciones se trataba de “reclamar atención mediática con planteamientos de máximos, magnificar la propia representación, colocar los términos del debate central en el extremo ideológico propio y tratar de atraer a él al resto de fuerzas en la esperanza de robarles votos con vistas a próximas elecciones”, hay que reconocer que al menos han conseguido lo primero, porque de otro modo no se entienden esas propuestas reaccionarias y muchas de ellas anti sistema que impedirían que la legislatura en Andalucía empiece a caminar.

A pesar de todo yo sigo pensando, aún a riesgo de equivocarme, que es una forma de vestir al muñeco, de atraer todas las miradas en los días previos al acuerdo para que Andalucía deje atrás 36 años de gobierno socialista y empiece a caminar con propuestas de centro derecha que, en resumen, es lo que el electorado ha dicho con su voto.

Entrevisté al líder de Vox solo tres días antes de las elecciones andaluzas y durante el encuentro se mostró como una persona de derechas moderada, incluso conciliadora. Santiago Abascal negaba por activa y por pasiva que estuvieran defendiendo planteamientos de extrema derecha, que es exactamente lo que ahora se visualiza en las 19 propuestas, que son en sí una provocación. En aquella conversación me dijo, textualmente, lo siguiente:

P.- ¿Es o no cierto que Vox y usted representan a la extrema derecha en este país?

R.- Nosotros no nos identificamos con ninguna de las etiquetas que se nos están poniendo, que están muy alejadas de nuestros planteamientos. Hemos detectado que un 10 % de los abstencionistas votan a Vox y un 13 % de quienes habían votado en el año 2015 al PSOE, Podemos y a IU también nos apoyan. Para desgastarnos nos acusan de ser de extrema derecha, nos tratan de llevarnos a un rincón de la política que no nos define.

P.- Una curiosidad, ¿qué siente usted cuando sus adversarios le tachan de “facha” por la calle?

R.- Me llaman facha para insultarme, e incluso lo hacen delante de mis hijos, y casi siempre quienes me insulta falsamente es gente de la extrema izquierda, que defiende un sistema totalitario comunista. Yo critico el fascismo y el nazismo, pero estoy permanentemente estigmatizado por una parte de los medios de comunicación que me califican como extrema derecha, y sin embargo, a Pablo Iglesias, que abiertamente se declara comunista, no le califican de extrema izquierda. La doble vara de medir, con Vox y con Podemos, es evidente.

P.- Me está diciendo que usted es a la derecha lo que Podemos a la izquierda...

R.- En este país existe esa superioridad moral de la izquierda que resulta paradójica, pero los términos izquierda y derecha están bastante desgastados, nuestra discrepancia con Podemos no es por el debate entre la izquierda y la derecha, sino sobre todo por cuestiones relativas al orden constitucional y al sistema democrático. Podemos quiere lesionar nuestro sistema con una democracia plebiscitaria, quieren violentar los procedimientos y los mecanismos de reforma de las leyes, y quieren juicios populares. Este no es un debate entre izquierda y derecha, sino entre totalitarismo y libertad, y en Vox estamos del lado de la libertad.

P.- ¿Pero a sí mismo cómo se define ideológicamente?

R.- Me cuesta definirme. Soy un español que afronta los problemas desde el sentido común y la racionalidad, y con los valores que le han enseñado sus padres, como a muchos otros españoles. Ahí puedo encontrarme con conservadores, liberales e incluso con socialistas moderados que apoyan la cohesión nacional y la igualdad de los españoles por encima de consideraciones ideológicas. No encuentro una vieja etiqueta ideológica para definirme a mí y menos aún para definir a un partido como Vox.

P.- Pues si no quiere hablar de ideología, dígame cuáles son las señas de identidad de Vox y quiénes le financian...

R.- Nuestras señas de identidad tienen que ver con la defensa de la unidad nacional, como uno de los principales valores para que exista un marco de convivencia que, históricamente han caracterizado a la nación española: la libertad, la igualdad de los ciudadanos en todo el territorio nacional, la defensa de la propiedad privada y del imperio de la ley, así como el Estado de derecho y la separación de poderes. En cuanto a la financiación, nosotros nos nutrimos de las cuotas de los afiliados.

P.- ¿Cuántos afiliados tienen? Pagar una campaña electoral sale muy caro y las cuotas no alcanza, ¿no?

R.- Ahora mismo tenemos 17.000 afiliados, pero hace sólo 14 meses estábamos en 3.000. Para que se haga una idea, desde que llegó Pablo Casado al PP hemos pasado de los 7.000 a los 17.000 afiliados. Algunos decían que Casado ahogaría las expectativas de Vox y está ocurriendo todo lo contrario, porque Vox no es el PP auténtico, sino una fuerza política nueva que responde a los problemas del presente.

Si lo que me dijo hace apenas un mes el líder del partido y lo que plantean ahora es tan diferente... ¿Qué grado de credibilidad pueden darse a sus palabras? Es cierto que muchos piensan que a Vox le ocurrirá lo que le pasado a Podemos, que una vez que pongan un pie en las instituciones moderarán su discurso y, aunque ideológicamente estén situados en la derecha más extrema, no saltarán líneas imposibles de aceptar para cualquier demócrata.

Ahora, planteamientos como que el presidente de la Junta declare un proceso de devolución de competencias al Estado o fijar la Reconquista como el día Andalucía son solo palabras que se lleva el viento, pero si ya se exige que hay que expulsar a inmigrantes ilegales el planteamiento es xenófobo, y si se pretende derogar la protección a las mujeres víctimas de violencia machista o al colectivo LGTB, además de preocupante es totalmente inaceptable. Si ese es el precio para que haya un cambio de ciclo en Andalucía no se debe pagar .

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