Más que Palabras

Más que Palabras

Esther Esteban

Pecado mortal

En la cumbre sobre abusos a menores y adultos vulnerables por parte de miembros del clero, el Papa pidió a los 190 cardenales, obispos y arzobispos participantes tomar "medidas concretas y eficaces" para luchar contra esta "plaga" y no "simples condenas". Los asistentes tuvieron ocasión de escuchar varios testimonios sobrecogedores de algunas víctimas: "Ni mis padres ni las autoridades eclesiásticas oyeron mi llanto. Y me pregunto, ¿por qué tampoco Dios lo oyó?", afirmaba alguna de ellas mientras otra relataba cómo desde los 15 años y durante más de una década mantuvo relaciones con un sacerdote. "Estuve embarazada tres veces y las tres me hizo abortar. Simplemente porque él no quería un preservativo ni un método anticonceptivo. Tenía miedo de él y cada vez que me negaba a mantener relaciones me pegaba".

Otra víctima, que se identificaba como un sacerdote de 53 años, cuenta los abusos que sufrió por parte de un cura cuando era adolescente y como años más tarde, siendo ya adulto, fue ignorado por el obispo y el nuncio a quienes contó su experiencia. "Yo quería que alguien me escuchara, que se supiera quién es ese hombre, ese sacerdote y lo que hace".

Todos los medios de comunicación han señalado que sólo desde el encubrimiento, la falta de reacción y de empatía por parte de los superiores eclesiásticos se puede entender un delito tan infame como el de arrebatar la dignidad. Otra víctima explicaba cómo fue acosado sexualmente "durante mucho tiempo, más de cien veces", y como ese acoso sexual le ha provocado "traumas y recuerdos". Pero sus llamadas de auxilio no fueron escuchadas. "Todos han encubierto prácticamente cada asunto, han encubierto a los autores y eso a veces me mata”.

El papa ya ha dicho en varias ocasiones que todos los testimonios recogidos en las investigaciones que han hecho para preparar esta cumbre hablan de modo descarnado, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas, “y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza", señaló el Pontífice tiempo atrás.  

A mí este Papa, como he dicho en otras ocasiones, me gusta mucho. No porque esté rompiendo esquemas, que lo está haciendo, o porque sea un auténtico revolucionario, que lo es, en la verdadera acepción de la palabra, o porque esté cambiando los viejos tópicos de la Iglesia, cosa que está ocurriendo. Me gusta porque es un hombre valiente que casi siempre nos sorprende en los momentos clave, y si algunos pensaron que no entraría de lleno en el tema repugnante de la pederastia en la Iglesia se equivocaron.   

En estos casos no basta con pedir perdón a las víctimas, que también, sino que deben tomarse decisiones drásticas porque sin duda el peor de los pecados de alguien cuya vida está entregada a Dios y a proteger a los más débiles, es abusar de ellos y matar su infancia. En el documento que están analizando los obispos se incluyen medidas como la creación de una suerte de defensor de las víctimas en la diócesis o la elaboración de un vademécum en el que especifica los pasos a seguir en los momentos clave del surgimiento de un caso, pero esto se queda muy lejos de las peticiones de las víctimas que, lógicamente, piden la expulsión de los pederastas, algo que no solo sería ejemplar sino ejemplarizante para evitar otros casos. Los niños, siempre los niños, son el eslabón más débil, el bien a proteger, el mejor de los tesoros, los más vulnerables. Hay muchas formas de dañar a los niños: unas brutales sin paliativos y otras que se transmutan como medidas protectoras, pero se vuelven terribles. Está claro que una sociedad que no sabe cuidar y proteger a sus niños y sus mayores camina hacia el abismo y países teóricamente civilizados asisten silentes, callan o miran a otro lado ante vulneraciones flagrantes de los derechos humanos de los más pequeños. Que haya tantos casos de pederastia, con el silencio cómplice de la Iglesia Católica, es un pecado mortal, pero cuando se les arrebata de cuajo el mayor bien a proteger: la inocencia, no vale con confesarse y pedir la absolución. Todo el peso de la ley debería caer sobre estos depredadores malnacidos.  ¡Ojalá el papa Francisco no baje la guardia y sea implacable con los pederastas!

#Niunomás.  

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