13 de diciembre de 2019
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Más que Palabras

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ESTHER ESTEBAN

Ovejas y mentiras

El ex conseller de Presidencia Jordi Turull, durante su interrogatorio en el juicio por el golpe de Estado del 1-O, ha dicho que su partido y ERC, contra la tesis del fiscal, no agitaron a la población ni emplearon a la masa para elevar el clima de presión y alcanzar la independencia. Según aseguró, fue todo lo contrario: se limitaron a poner en marcha un sentimiento, un mandato que partía de los catalanes, quienes sufrían un ataque de un Estado que era capaz de cualquier cosa. "El Gobierno de España, menos política está dispuesto a hacer de todo. ¿Se acuerda del 'la Fiscalía te lo afina' o las cloacas del Estado? El Gobierno ha estado dispuesto a hacer de todo. Y nosotros queremos que la gente vote", dijo. Nada nuevo bajo el sol del raca-raca salvo que llama la atención que, en vez de defenderse, que es es lo haría cualquier acusado por delitos gravísimos que se está enfrentando a muchos de cárcel, opte por el ataque a todos y a todo lo que huela a Estado. Lo suyo, más que una declaración, fue un mitin independentista en toda regla.

Los compañeros que están siguiendo el juicio recogían ayer en sus crónicas su insistencia en que desconocía algunos de los documentos clave de la acusación, como la hoja de ruta del independentismo, la denominada Enfocats ("aún no la he leído"), o una agenda en la que se anotaban encuentros clave sobre el golpe. El acusado, al parecer, habló de esos encuentros pero ha ofrecido interpretaciones alternativas a lo anotado, como la referencia a "ir a la vía unilateral". "No se decidió, era un referéndum pactado. Desmiento que se apostara por vía unilateral. Posteriormente se buscó el acuerdo", dijo. Cuando el fiscal le preguntó si el referéndum fue pactado, la respuesta fue que "hasta último momento se buscó que se fuera pactado".

"He oído expresiones de la Fiscalía estos días que me parecen ofensivas para los ciudadanos de Cataluña. Los ciudadanos de Cataluña no son ovejas, sean independentistas o no, sean de extrema derecha o izquierda, tienen criterio. El movimiento independentista de Cataluña va de abajo a arriba", remarcó Turull, quien además negó como parte del raca-raca de todos que hubiera violencia en las reivindicaciones soberanistas, y así cuestionar el delito de rebelión. Claro que los catalanes no son ovejas, y el término resulta mucho más ofensivo viniendo de quiénes, como Puigdemont y los suyos, han pretendido desde siempre apropiarse de Cataluña a modo de cortijo. Para ellos, todo lo que salga de su círculo ideológico es español y, por lo tanto, algo a tratar de forma despectiva, como si los catalanes no independentistas fueran apestados, ciudadanos de segunda que no tuvieran derechos.

Todos recordamos aquel día en el que el Parlament de Cataluña declaró, con 70 votos a favor, 10 en contra y dos en blanco la independencia de Cataluña, culminando así el mayor golpe de estado que se ha vivido en nuestro país y nuestra democracia desde el 23F. A las tres y media de la tarde se daba aquel fatídico día un paso más hacia el abismo, cuya fase previa la habíamos vivido un poco antes en una una jornada esperpéntica, de sainete, de bufa si el asunto no fuera tan serio. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, no solo malogró entonces la enésima oportunidad que había tenido para reconducir la deriva independentista y volver a la normalidad democrática, sino que quedó a los ojos de todos como un pusilánime, un “pelele” en manos de todos que modificaba su opinión según iba creciendo el nivel de presión en la calle a lo que se le se sometía. Nadie entonces quería que las cosas salieran como salieron, ni que se aplicara el 155 , ni que se sometiera a los catalanes y a todos los españoles a esta farsa donde se utilizó en vano la palabra diálogo cuando en realidad se quería decir chantaje.

Por eso, ahora llama la atención que, delante del Supremo, los acusados se presenten como los garantes del diálogo, cuando se saltaron todos los límites posibles y su forma de dialogar fue la imposición. No sé por quién nos toma a todos el señor Turull cuando habla de que se había decido un referéndum pactado, cuando sabe perfectamente que nuestro ordenamiento legal no permite, o quién se cree que somos cuando desmiente que se apostara por la vía unilateral, cuando las hemerotecas están llenas de declaraciones de políticos independentistas en ese sentido. Él y sus amigos nos deben tomar por ovejas a todos los españoles, porque solo así se puede entender tal cantidad de mentiras que estamos escuchando en el juicio. ¡Menos mal que está la maldita hemeroteca!

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