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Probamos el Mazda MX-30, el eléctrico que quiere ser diferente

Nos hemos puesto al volante del modelo más esperado de la marca nipona, su particular interpretación de lo que debe ser un coche con cero emisiones y que pretende convencernos diferenciándose.

En la primera interpretación que hicimos de la información que Mazda nos hizo llegar del nuevo MX-30, el hermano eléctrico del CX-30, ya vimos que este coche pretendía ser un “verso libre” dentro del panorama de electrificación que todas las marcas están acometiendo. Un coche urbano, pero no pequeño, que con sus 4,4 metros y sus soluciones únicas está llamado a formar parte del segmento Premium en el que se mueven el Mini eléctrico o el BMW I3

La mayor “critica” al Mazda MX-30 viene por el lado de la batería, pues con sus 35Kwh y sus 200km de autonomía en un uso real nos hacían pensar que iba a estar muy limitado, pero después de escuchar el planteamiento de la marca, comprobar su desempeño dinámico dentro del conjunto y, seamos sinceros, colocar las cosas en sus sitio en lo que a racionalidad de uso se refiere, vamos a tener que dar la razón a los japoneses. No en vano, Honda ha seguido un camino similar con el E.

 

Y es que el primer coche eléctrico que Mazda produce en serie a nivel mundial no es probablemente un coche para todo el mundo. Está orientado a un conductor urbano o que vive en municipios cercanos a las grandes ciudades y que habitualmente suele recorrer unos 50 kilómetros al día; se va utilizar como segundo coche de una familia y sus clientes tienen poder adquisitivo y nivel educativo alto.

Mazda ha apostado por una batería más pequeña y que a lo largo de todo su ciclo de vida (desde la extracción de los minerales a su reciclaje final) generará menos emisiones contaminantes. Para contrarrestarlo, puede recargarse en apenas 35 minutos del 20 al 80% en un punto de carga rápida, algo que no es normal que los modelos de su segmento admitan. La batería pequeña paga además menos “peaje” dinámico al sumar menos peso al conjunto, unos 300kg con todo, lo que se agradece a la hora de practicar una conducción más alegre cuando nos alejamos de la ciudad.

 

Por cierto, que en conducción “deportiva” sale a relucir el 30% de rigidez extra de su carrocería, así como en el confort de uso y acústico. Nos ha gustado mucho el Mazda sound concept, sonido que nos acompaña cuando aceleramos para que seamos conscientes del movimiento y que nos ha parecido muy conseguido. También vemos fundamentales los 5 modos de regeneración de la energía de la frenada, que se activan desde las levas en el volante, unos elementos que deberían ser obligatorios en cualquier eléctrico.

La combinación tecno sostenible del interior nos ha convencido también desde el primer momento, y los materiales reciclados y medioambientalmente amigables como el corcho en la consola flotante, PET de botellas en las tapicerías de las puertas o la piel sintética cuadran a la perfección con la filosofía que se respira al abrir las encantadoras y prácticas puertas suicidas de un habitáculo que los asientos traseros nos ha resultado un poco claustrofóbico.

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