17 de octubre de 2019
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Nos han contado

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El gran reto económico que Castilla-La Mancha no ha podido (o no ha sabido) afrontar en la última década

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Es difícil escuchar un pronunciamiento del Gobierno de Castilla-La Mancha sin una referencia acerca del aumento por encima de la media nacional, mayor subida anual, segunda región más dinámica, referente nacional, mejor registro histórico… Un saco donde la Administración autonómica mete sus logros cuando diserta desde el púlpito institucional. Sin embargo, tan brillante contenedor está muy lejos de rebosar. El nivel de riqueza de Castilla-La Mancha se encuentra bien lejos de la media nacional, y mucho más de la comunitaria, donde apenas se salvan cuatro regiones en España: Madrid, País Vasco, Navarra y Cataluña, cuyo PIB por habitante supera los 30.540 euros de media de la UE al término del pasado año.

A nivel nacional, la renta per cápita se encuentra un 15,3 por ciento por debajo del promedio europeo, algo rebajado por la incorporación de los países del Este, con una menor media de PIB por habitante. Extremadura es la comunidad peor situada, con 18.174 euros anuales por ciudadano, un 40 por ciento menos que la media de la UE y un 29,7 por ciento por debajo de la media nacional. A continuación se sitúa Andalucía, con un PIB per cápita de 19.132 euros. El triunvirato de regiones más pobres, un clásico en la economía de este país, lo concluye Castilla-La Mancha, tres de las regiones con una de las mayores tasas de desempleo en España.

Castilla-La Mancha, según datos del INE y de Eurostat, cerró el pasado año con un PIB per cápita de 20.645 euros, un 20,14 por ciento menos que la media nacional, y del 32,4 por ciento de la comunitaria. No obstante, desde 2007, y coincidiendo con el periodo de recesión, el PIB por habitante de Castilla-La Mancha ha pasado de 18.564 euros a 20.645 en 2018, un 11,2 por ciento más y un porcentaje similar al de la media nacional que durante el mismo tiempo fue del 10,5 por ciento.

El gran reto de la economía española sigue siendo la convergencia entre comunidades, una brecha entre ricas y pobres que se mantiene históricamente. Según el Banco de España, no es tanto la brecha en sí, que es más reducida que en otros países europeos, sino que la convergencia entre comunidades avanza demasiado despacio. En 2007, había diez comunidades con una renta por habitante inferior a la media, exactamente las mismas que una década después, y Castilla-La Mancha sigue figurando en lugar destacado.

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