Nos han contado

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Las 13 campanadas del reloj de Zocodover, culpables del temporal de nieve

Reloj de la Plaza de Zocodover Reloj de la Plaza de Zocodover

Hay optimistas que para referirse al año que acaba de empezar han rotulado por lo sano y echando mano de refranero: año de nieves, año de bienes. Sin embargo, los supersticiosos, callados hasta ahora, han comenzado a comercializar augurios más escépticos.

Mal año aquel en el que el reloj que da la villa, el que da las campanadas de bienvenida al año marca trece horas, en vez las doce señales horarias. Es lo que ha ocurrido en el reloj de Zocodover, sobre el Arco de la Sangre, denominación de la capilla del Cristo sobre el que se erige y cuyo nombre ya invita a un mal fario.
Sí, así es, el reloj que durante mucho tiempo custodió el relojero municipal, Bienvenido, véanse las ironías de la lengua, dio trece en vez de doce campanadas en la noche de Fin de año.

Es un dato que ha pasado llamativamente desapercibido ya que fue esta “precisa” maquinaria, inaugurada en 1945, la que sirvió para dar públicamente las doce campanadas a través de Castilla-La Mancha Media, la radio y la televisión públicas de la región.

La realización fue tan perfecta, la imagen iluminada con generosidad cromática de la hermosa plaza de Zocodover, los fuegos artificiales y la presentación impecable de dos periodistas, Mariló Leal y Carlos Macías permitió que pasara desapercibido el gran gazapo del reloj.

Así fue. El reloj del Arco de la Sangre, entre la tercera y la cuarta campanada, introdujo un tañido veloz y furtivo, que, evidentemente sumado, al resto dio un total de trece; un número “judas”, traicionero.

Llamativamente este detalle pasó casi inadvertido a la audiencia, ya que la televisión había rotulado fielmente con luces que se iban encendiendo el paso cadente de todas las campanadas con un ritmo luminoso marcial, obviamente sin alterarse por la campanada loca que caprichosamente se escapó.

En fin, algún supersticioso con buen oído ha reparado en el mal augurio que traerá para Toledo haber comenzado el año con trece campanadas.

No es el caso de la televisión pública que este año hizo su mejor registro de audiencia desde que ofrecen en directo las campanadas. Fueron más de 70.000 fieles paisanos los que se comieron felices las uvas sin rechistar. Sin embargo, es la nieve, la que dos semanas después se nos atraganta.

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