18 de noviembre de 2019
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Oeste castellano

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GUSTAVO A. MUÑOZ

Sánchez quiere ejercer de amanuense de Frankenstein

La jerarquización de problemas nacionales que esperan a ser resueltos la ha elaborado Pedro Sánchez este mismo fin de semana, en un pis-pas, con determinación y sin que le tiemble el pulso. El PSOE ha revelado sus buenas intenciones y prioridades de forma clara, brillante, transparente como dibujadas en un cielo azul veraniego en forma de prístinas nubes de inmaculado blancor para que sean observadas por el “supervisor” ZP desde su emblemática hamaca de poeta ripioso.

Lo primero que ha hecho Pedro Sánchez es echarles al pesebre 9 millones de euros a los sindicatos afines para su mejor comprensión de las decisiones gubernamentales futuras, por si acaso. Y la segunda decisión ha sido convertirse en algo parecido al amanuense del doctor Frankenstein, el que iba a robar, saquear tumbas para llevarse los cadáveres con los que el afamado médico literario realizada sus experimentaciones. En este caso, un ensayo de carácter político-electoral por si funciona.

No vamos a decir que el PSOE no tenga larga, acreditada y documentada experiencia en las técnicas tanatorias y sepultureras. Ahí están, para la Memoria Histórica, desde el propio Indalecio Prieto al frente del Servicio de Información Militar, al chequista García Atadell y su brillante gestión en la provisión de muertos. Incluso se puede afirmar que el PSOE en sus más de cien años de historia no sólo ha sabido dar servicios como casa funeraria, sino que incluso, cuando no había matería prima, la proveía, no sin falta de entusiasmo.

Así que esta afición de desenterrador de Sánchez, que no tiene nada que ver con la apreciable de sepulturero, que es la de dar tierra a los muertos, como recomiendan todas las grandes religiones aunque sólo sea por mera higiene, no debe extrañar. Sí el argumento que los portavoces socialistas andan repitiendo como suelen para consumo de afiliados, simpatizantes y beneficiados con alguna subvención: la reconciliación entre los españoles. ¿Qué clase de persona se puede sentir reconfortada cuando les remueven a los muertos de sus sepulturas y no es para dignificarlas?

Hay una opinión pública contraria, como la hay a favor. Son distintas. La segunda es la que representa el flamante presidente del Gobierno al que no ha votado ningún español en libres elecciones, y la primera la que afirma que lo de inhumar a Franco es un intento de provocar un acrecentamiento de los cataplines, porque como no los hubo para fusilarlo en vida, lo van a hacer 43 años después de muerto.

El plan de Sánchez es exhumar a los que ganaron la Guerra Civil, con dos bemoles, pasearlos como al Empecinado pero muertos y después contar en la venta, a modo de inventario de hazañas en plan Luis Mejías, que él, sólo él, nada más que él, con la inestimable inspiración espiritual -laica, naturalmente- del inspector de nubes, ha logrado ganar la contienda del 36 ochenta años después.

Y además piensa que eso no va a tener respuesta social porque él, sólo él, nada más que él, es el presidente y no debe cuentas nada más que a Podemos, etarras, neonazis y demás miembros de la casta que son los que le han otorgado el poder, pero no al pueblo, que no le ha elegido, entre otras cosas, porque no se presentó a la cita. Todo huele al Tenorio y a chamusquina.

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