08 de diciembre de 2019
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HABLAMOS DE SEXO

Por qué sentimos celos y cómo controlarlos

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Ana M. Ángel Esteban, psicóloga

Todos en algún momento de nuestra vida hemos sentido celos, aunque eso no significa que seamos celosos por naturaleza. Si no pasamos por un buen momento emocional, por la razón que sea, quizá la manifestamos con celos.

 

En el trabajo, con amigos, en pareja, con los hermanos, entre padres e hijos (aunque parezca extraño). Se produce una emoción de ansiedad muy intensa que analizada, sea la situación que sea, manifiesta un sentimiento de envidia encubierta y baja autoestima. Es un miedo a perder algo, un privilegio, amor... O a sentirnos sustituidos directamente. En cualquier ámbito en el que se den, la persona se manifestará con síntomas depresivos de indefensión ante lo que anticipa que va a perder o con síntomas de agresividad y otros equivalentes a los que presentan las personas tóxicas.

 Hay situaciones de celos infundados y otras de celos provocados.

Centrándonos en la pareja , "jugar” a dar celos también demuestra un problema psicológico en quien lo practica. Mirar a otras personas intencionadamente, comentar sobre las dotes físicas, sobre todo, de esa otra persona con la que dar celos, e incluso llegar a coquetear con ella hace que efectivamente al inicio se sientan celos, pero si esto se repite se va a poner en poco tiempo contra el que lo promueve al crear un malestar gratuito en su pareja. Le hace sentir un “poco menos” para sentirse (él o ella) un poco "más”: más importantes, más válidos, más capaces, consiguiendo provocar en el otro dudas sobre el futuro de la pareja.  Existe la necesidad de presencia en la pareja, de protagonismo y de intentar hacer ver al otro que puede perder lo que tiene, que no es el único. En estos casos la autoestima está tocada y realmente se impone el miedo a perder a la pareja.

Hay otra situación es en la que se tiene miedo a no ser aceptado socialmente y en la que se pueden exhibir conductas de extrema amabilidad con otros que no se dan con la propia pareja, produciéndose una desconfianza o mala interpretación de querer algo con esas otras personas, cuando solo es un intento de caer bien porque también en la autoestima está esa necesidad. Ver hacia otros comportamientos distintos y “mejores” también puede despertar el fantasma de los celos.

Las personas muy sociables y extrovertidas tienden a mostrar mucha cercanía no solo con su lenguaje sino también tocando -el brazo sobre todo-,  con lo que ¡cuidado con lo que se toca! porque nuestra pareja (que ya debiera conocernos y si algo molesta se habla) o  la pareja del otro no van a entender, e incluso esa misma persona puede sentirse invadida en su espacio personal .

Los celos no son una señal de amor sino más bien de posesión, independientemente de que haya amor. Cuando se ama al otro se respeta al otro (¡y qué es respetar al otro', se preguntarán algunos). Te interesas por lo que le gusta, le admiras, le impulsas en lo que le gusta e interesa, le cuidas, le proteges física y psicológicamente… y para esto, y para no sentir celos, es muy importante la comunicación de necesidades y de sentimientos. Esto genera confianza y estrechamiento del vínculo del amor. No hay nada que dé más seguridad que sentirse querido por la persona a la que amas. Todo lo demás viene rodado. Es la simbiosis del amor.

Volviendo a los celos, cuando se convierten en algo que imposibilita la convivencia y se convierten en una obsesión es cuando es necesario ir al psicólogo. Son los celos patológicos, infundados, los que aparecen por cualquier mínima sospecha creada dentro de uno mismo y manifestando comportamientos de extrema agresividad, física y psicológica.

Con manifestaciones de celos, lo que se está haciendo realmente es alejar aún más a la pareja, pese al miedo que se tiene a perderla. No podemos someter a nadie a nuestros deseos ni hacerle sentir mal o culpable por nuestros miedos. Nadie es de nuestra propiedad.

¿Qué hacer ante una situación de celos?

Algo está fallando en la pareja y lo primero es tener comunicación para ver y para resolver.

No podemos centrar todo el argumento en lo que está haciendo mal el otro: “Tú has hecho, tú dices….”, quizás yo estoy descuidando algo importante en la relación y hay algo en mi que está echando de menos o que ha empezado a no gustarle. Entonces, ante un problema así, hay que ver qué se puede cambiar y cambiarlo si estamos convencidos de que es así y de que va a mejorar nuestra relación. No para intentar recuperarlo e impedir que se vaya con otro/a, al menos en el primer momento. Se trata de recuperarse con sentimiento.

Cualquier cambio en la conducta por una situación de celos tiene que ser, repito, con convencimiento porque si no  lo que se estará haciendo es someterse, humillarse y seguir sintiendo celos. En el fondo de este comportamiento, lo que se estaría haciendo es competir con la otra persona de la que sentimos celos e intentar imitarla para gustar mas: Eso es nefasto. Es demostrar que se está viendo en ese otro/a cualidades que no se reconoce uno en sí mismo, pero que nos gustaría tener, con lo que se está dando más valor y se está dando por hecho que te va a dar cosas que yo no te doy.  Quien está conmigo tiene que ser por mis propias virtudes y actitudes, se me tiene que querer por lo que yo tengo y que en algún momento te despertó ¡la chispa! Cambiar debe ser para mejorar uno mismo y mejorar a la pareja, no para quitarme a nadie interferente de en medio. Otra cosa es que caprichosamente quieras algo más fuera de la pareja o que ya no valores lo que tienes con ella, y en ese caso... en fin.

Y lo que comentaba al principio sobre las reacciones ante una situación de celos, la agresividad, la vigilancia, comprobaciones como pedir el móvil o los interrogatorios lo único que hacen es desgastar, hacerte sentir cada vez peor y más metido en el bucle de la desconfianza y, sobre todo, alejar más y más a tu pareja, incluso aunque el algún momento lleves razón. Otra conducta muy típica también es la de aumentar las relaciones sexuales y ser muy, muy agradable para conseguir retener a quien quieres.

Resumiendo: Comunicación, inteligencia emocional y una buena dosis de autoestima, y si fuera necesario consulta al psicólogo.

Ana M. Ángel Esteban. Psicóloga Clínica, Sexóloga. Toledo. 615224680

 

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