HABLAMOS DE SEXO ¿Y qué pasa con el deseo sexual? Formas de potenciarlo

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Ana M. Ángel Esteban

¿Qué es el deseo sexual? Es un impulso, un sentimiento, una emoción en nuestro interior que nos empuja a buscar satisfacernos sexualmente a nosotros mismos o a buscar a otra persona con quien hacerlo. El deseo podemos sentirlo ya con una mínima excitación al fantasear e imaginar a la persona o situación que nos lo produce.

 

Y la forma en que lo satisfacemos no tiene por qué ser siempre en pareja, con una penetración, por aquello de que sexo o relación sexual completa es igual a penetración. La satisfacción puede ser en forma de masturbación, sin necesidad de otra persona (o al contrario).

Aunque la especie humana es sexual por naturaleza y el sexo es algo necesario, no siempre produce el placer esperado (que por eso engancha). Aunque las hormonas propias de hombres y mujeres están siempre en el fondo de la cuestión, hay otras situaciones que pueden hacer fluctuar nuestro deseo a lo largo de la vida en ellos -tan, tan sexuales y fácilmente excitables-, y en ellas -menos “necesitadas”, pero igualmente excitables-. En general, las mujeres podemos estar sin sexo durante meses. Pero voy a los factores que pueden nublar el deseo sexual porque son muy importantes para tener en cuenta, ya que no podemos aumentar la libido si encontramos que alguno de estos está en marcha. Para conseguir algo no siempre hay que hacer o poner; en muchas ocasiones hay que esperar o quitar…, y el deseo sexual es tan susceptible en ocasiones, que esforzarse en algo puede empeorar las cosas.

Si tienes pocas ganas, te preocupa y además te encuentras en alguna de estas situaciones, es el momento de plantearte hablar con tu pareja, con tu médico o con tu psicóloga-sexóloga. Si tomas medicación antidepresiva, anticonceptivos, antihipertensivos, ansiolíticos o cualquier otra cosa a partir de la que has notado que se reducen las ganas, tienes que consultar con tu médico porque en ocasiones pueden sustituirse por otros productos sin estos efectos secundarios.

Hay circunstancias orgánicas que también influyen en tener la libido por los suelos, como son las enfermedades, intervenciones quirúrgicas e infecciones del aparato genital; o el recuerdo de experiencias dolorosas del pasado. Las lesiones en la parte baja de la columna también son causa importante.

Hormonalmente, influye la bajada de la testosterona en los hombres. En nosotras la aparición de la menopausia, que además de disminuir el deseo crea poco a poco atrofia de las paredes de la vagina, produciendo dolor durante el coito y menos lubricación vaginal, así como más fricción del pene al penetrar y más dolor. Con lo cual, desde el punto de vista sexual, en ambos disminuye el deseo, en el hombre pérdida de erección o incapacidad para tenerla y en la mujer dispareunia (dolor durante el coito) y por este mismo dolor, rechazo a tener relaciones sexuales al anticiparlo.

Psicológicamente, el miedo a no poder disfrutar o a sentir dolor, hace que evitemos o nos forcemos a tener sexo pensando puramente en el otro o en evitar una posible infidelidad si nosotros no queremos.

Así va a empezar a crearse otro problema, y es el de tener experiencias e interacciones sexuales sin deseo, sin excitación, sin erección, sin lubricación, con miedo y con la consiguiente profecía autocumplida: sabía que no iba a poder, que me iba a doler. Y efectivamente, este es el caminito para dejar de tener relaciones sexuales. Algo, el sexo, que produce por naturaleza placer, se ha convertido en la peor pesadilla.

Por otro lado, algunas actitudes y poca higiene, olores en las zonas íntimas, halitosis y cosas por el estilo, son cruciales para evitar tener sexo. Por el contrario, procurar oler bien por la ducha y los perfumes va a producir mayor acercamiento.

La monotonía es una gran enemiga de la chispa sexual y del sexo anticipado con emoción. Saber que primero esto, luego lo otro y luego naaada de nada (no disfrutrar, que es distinto de tener un orgasmo) hace que las ganas se reduzcan a cero. Preferimos dedicarnos a algo que nos cree una emoción o a la autosatisfacción, eso es así.

Ni que decir tiene que la mala relación de pareja va a hacer imposible tener sexo, con deseo y con amor; sí podréis tener consumación de sexo utilizando al otro, pero desearleeeee noooooo. Y qué pena, porque el deseo aumenta la excitación al mil por mil.

Así que a estas alturas de lectura sobre qué puede influir en el deseo en nuestra pareja y en el nuestro, ya tenemos pistas de lo que podemos hacer ¿o no? Ahora, ya que conocéis muchas de las razones del distanciamiento sexual y la forma de ser del otro, sólo falta controlar esos factores que interfieren y tendremos que romper la monotonía jugando, cambiando el orden de las prácticas sexuales: primero voy a besarla/e, luego voy a rozar la parte baja del abdomen, luego subo y acaricio el cuello y la/e beso, la/e pongo bocabajo para acariciar su espalda… y másss. Y no exigiré que dure lo indecible ni una erección, en él, ni un orgasmo en ella. Ah, !el lubricante ayuda muchísimo!

Fantasear, un ambiente “erótico” (bueno, no cualquiera puede imaginárselo o crearlo), miradas, vinito, música, risas, ropa interior, acariciar... y besar, sobre todo, a nosotras nos enciende. SENTIRNOS DESEADOS es de lo más decisivo, pero hay que proponerse que sea distinto y ya vamos por el buen camino.

Los complejos, si estamos llenitas/os, se resuelven con humor y con menos luz y con el objetivo de disfrutar, no con el de impresionar.

Y si aun así no va, necesitamos que un profesional, teniendo en cuenta los factores específicos de tu caso, te diga concretamente cómo hacer para que contigo o con tu pareja tu vida sexual sea plenamente satisfactoria.

Ana M. Ángel Esteban. Psicóloga Clínica, Sexóloga. Toledo. 615224680

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