14 de noviembre de 2019
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HABLAMOS DE SEXO

El desamor como acto de amor hacia tu pareja

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Ana M. Ángel

El AMOR es una experiencia de crecimiento, de satisfacción y de plenitud, SIEMPRE. Objetivamente, el amor no hace sufrir, el amor es incompatible con el sufrimiento. De hecho, la felicidad siempre conlleva amor, dar y recibir.

 

El sufrimiento está en comprobar que las expectativas que tienes sobre el amor y la pareja no se cumplen en la realidad, que vives en una constante persecución de tu ideal y no, no está. Empeñarte en que alguien te quiera aunque sea tu pareja que ya no te quiere, y “debería hacerlo”, es un acto de auto maltrato y de sometimiento inconsciente. La relación hay que trabajarla y cuidarla, es un trabajo de los dos, recíproco. Esa es la actitud de querer. 

El Amor es un sentimiento, no se elige, se siente; y Amar es una conducta, se demuestra. Los sentimientos no pueden crearse, aparecen; no pueden imponerse ni forzarse, ni para que aparezcan ni para que desaparezcan. El amor es uno de los sentimientos más placenteros que puede experimentar una persona, excepto cuando no puede manifestarlos y no puede expresarlos, que entonces producen ansiedad.

El amor nos alienta, nos empuja, nos da la chispa, seguridad... Cuando en una relación uno percibe que ya no siente y además existen pensamientos de no querer seguir ahí, empiezan a reproducirse en la cabeza una “lista de miedos, un laberinto”, que enfrenta el querer y no poder, la claridad de lo que hay que hacer, de que pierdes la vida y el no saber cómo hacerlo; y ahí entramos los psicólogos o una conversación profunda contigo mismo. Condicionamientos sociales, morales, familiares, religiosos (la religión no apoya un matrimonio sin amor), miedo..., y revolución de principios ético -morales afortunadamente para las personas profundas, honestas y sensibles. 

Estos principios ético-morales siempre se apoyan en la necesidad de desarrollo y felicidad. Hay momentos de la vida en los que es más fácil tomar la decisión de romper con una relación banal, son momentos en los que ya hemos cumplido con lo que se nos exigía en la vida, educación y formación de los hijos sobre todo, y ahora que ya son mayores y se van, ¿qué queda? ¿En qué quiero que consista la última etapa de mi vida?: Ahora quiero ser feliz!

La verdad es que en una ruptura, la familia siempre apoya, tiene más problemas que los nuestros como para que sus vidas se paren por nuestra decisión. Los hijos ya mayores tienen sus propios problemas, intereses e ilusiones como para verse afectados ahora por nuestra decisión. Ellos quieren que seamos felices y también apoyan esta nueva situación de liberación para ambos padres.

Socialmente, en fin, está a la orden del día: tú no eres más importante que nadie como para que hablen más de ti o que tu trabajo se vea afectado; no, es algo integrado y normalizado socialmente, da igual quien seas. Mantenerse en una relación en la que ya no se quiere, es engañarnos a nosotros mismos y a nuestra pareja ¿Pero no jugábamos a ser honestos?, ¿con quién? No olvidemos que quizás la otra persona estaba deseando que esta situación se produjera, eso se ve, con total seguridad, por el comportamiento de “desamor” diario que demuestra.

Hay que expresar el desamor con tranquilidad, pero muy importante es la firmeza y la “ajenización” a posibles expresiones del otro con la intención de culpa. Somos libres al sentir, percibimos el desamor y, por los dos, actuamos. Muchas veces estamos liberando al otro de tomar la misma decisión y dar el paso. Muchas veces nos involucramos y mantenemos años, en relaciones que con el paso del tiempo vemos que comenzaron por unas razones que ahora, años después, por las experiencias vividas y la madurez adquirida con el tiempo, ya no se mantienen.

Ser honesto con tus sentimientos de desamor también es un acto de amor hacia tu pareja, la que ya no te quiere. Muchas veces hemos aprendido a anular, por inseguridad, nuestras preferencias y a adoptar las de los demás también buscando aprobación y/o evitar críticas.  Inconscientemente nos sometemos en una relación a una persona que tiene esas características de la madre o del padre para así encontrar patológicamente la seguridad que hemos aprendido a obtener de otros. Son relaciones de dependencia de uno hacia el otro con personalidad dominante de uno. Y en una relación de dominancia, en la que se percibe la debilidad del otro, de la necesidad de seguridad, la mejor forma de humillarle sutilmente es dejarle en un segundo plano, dejarle relegado continuamente en las decisiones, sentirse como un invitado en su propio hogar. Para sentirse realmente cómodo y feliz en una relación hay que SENTIR que realmente se desea a la pareja, no se tiene miedo a expresar necesidades y sentimientos. Sacar lo mejor de uno mismo se produce cuando uno ama y se siente amado. El amor verdadero es el que potencia lo bueno de ambos y facilita pensar en las necesidades del otro, sin intereses. “TE QUIERO”.

Ana M. Ángel Esteban. Psicóloga Clínica, Sexóloga.

Clínica del Rosario. Toledo. 615224680

 

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