13 de noviembre de 2019
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Viento de La Mancha

Viento de La Mancha

RICARDO CHAMORRO

La resurrección de Aznar

Todos aquellos que han seguido esta columna, así como los que me conocen, saben que siempre he defendido a José María Aznar como una figura fundamental en la configuración de la derecha social y política española. 

De hecho yo me afilie al Partido Popular por Aznar y posteriormente fui colaborador de FAES. También he de decir que me di de baja con Mariano Rajoy y apoyé el proyecto de VOX, implicándome sin ningún tipo de complejos y sigo apoyándolo, al igual que apoyo cualquier iniciativa de la derecha social en sentido amplio o aquello que beneficie el imperio de la ley o la unidad de mi patria.

Como yo no me muevo por etiquetas ni partidos, sino por convicciones, felicito de una manera rotunda a José María Aznar, que ha conseguido en una mañana de un martes de septiembre resucitar la identidad política de la derecha, actuando a la ofensiva, después de años de mediocridad y pusilanimidad rajoyesca o sorayesca, lo mismo da, que da lo mismo.

Con Rajoy hemos vivido unos años de un centrismo pusilánime y suicida, tal y como definía ese centrismo Federico Jiménez Losantos hace ya muchos años: "Lo que caracteriza al centrismo, digamos, profesional, es su carácter excluyente, su modo de hacer política en función de la captación de votos, pero a costa de despreciar a la inmensa mayoría social de la derecha, a cuya sombra electoral procura vivir. El político de derechas se dice de centro por costumbre y rentabilidad. Pero el centro nunca se define contra la izquierda sino contra la derecha. Es el auto-odio conservador, un viático para un suicidio".

¿Cuándo vence la "derecha" en la sociedad y en las urnas?

Cuando sabe ser ella misma, sin exabruptos pero sin complejos.

Para ofrecer soluciones atrevidas y para pedir sacrificios a la gente hay que obtener su confianza. Y la confianza es personal: se tienen que fiar de uno, de su identidad, de su identificación con el país. Porque el país es Patria, mucho más que una empresa y una contabilidad, y su personalidad vale mucho, más incluso que las comodidades individuales. Vistas así las cosas, cuanto más sólidos sean la identidad y el patriotismo de uno mejor le podrá ir en las urnas

Los éxitos macroeconómicos o tecnocráticos no vencen elecciones. Los votantes quieren una razón para votar o militar, que no puede ser sino la defensa de unos principios y de una identidad que los adversarios desean destruir, están destruyendo. Si uno defiende España y el otro trabaja para destruirla hay que abandonar las suavidades de los tiempos de paz. Todo está en grave peligro. Sólo una derecha sin complejos puede vencer, y la alternativa es el caos.

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