16 de septiembre de 2019
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Viento de La Mancha

Viento de La Mancha

RICARDO CHAMORRO

Análisis histórico y separatismo

El historiador y columnista navarro Pascual Tamburri dejó escrito, hace casi dos décadas, un Análisis histórico y enseñanzas políticas de los nacionalismos separatistas en España.

De esos escritos considero importante sacar un pequeño extracto que resume de manera magistral la evolución histórica de España y la irrupción del separatismo.

Tamburri, hoy fallecido, vislumbró lo que hoy ocurriría, y es ya un hecho en su querida Navarra y en España.

Análisis histórico y enseñanzas políticas de los nacionalismos separatistas en España:

 La Historia es sencilla y elocuente. De Roma, antes de nuestra Era, Hispania recibió el nombre y la unidad administrativa, cultural, vital, así como del Cristianismo llegó la unidad espiritual.

Con el reino visigodo de Toledo esa unidad católica quedó consagrada y coronada, y estrechamente asociada a la independencia política.

Este planteamiento llegó a la Edad Media, y constituyó el núcleo del proyecto de Reconquista: el restablecimiento de la unidad y la independencia perdidas. La Reconquista es un proyecto político, cultural y religioso de UNIDAD a lo largo de ocho siglos, que forman definitivamente el carácter de España.

La larga y difícil lucha contra el Islam introdujo un nuevo aspecto en la identidad nacional española; divididos en diferentes núcleos de resistencia, los españoles crearon monarquías y principados independientes entre sí. León, Castilla, Navarra, Aragón y Cataluña, y después Portugal, compartieron una misma idea permanente de España, pero se dotaron de ordenamientos jurídicos e instituciones diferentes.

La España finalmente libre y unida que los Reyes Católicos legaron a sus sucesores fue también una España plural. Ya en los siglos de la decadencia española, nace y triunfa la idea de nación, precisamente con España como primer modelo y paradigma.

La Ilustración es la primera filosofía de la Modernidad. El liberalismo y el socialismo marxista son sus herederos. Frente a esto, el hombre, y en especial los europeos (los españoles), poseen una dimensión comunitaria, espiritual y jerárquica. Por eso la Ilustración se enfrenta con la realidad y trata de destruirla. La Ilustración se enfrenta por tanto con la realidad histórica de España. Pronto la monarquía borbónica (desde 1700) asume como propias esas ideas. Ya no es una monarquía cristiana y española, y desaparece poco a poco el ideal imperial nacido de la Reconquista.

Nace la economía como ciencia omnicomprensiva. España es además débil interiormente y exteriormente. Interiormente sus clases dirigentes traicionan al pueblo; exteriormente España deja de ser una gran potencia.

1808 muestra la contradicción: el pueblo demuestra su fuerza colectiva y defiende la unidad, la independencia, la fe cristiana y los valores nacionales. Los reyes y los ilustrados se entregan a los franceses, pero España vence. Vuelve desgraciadamente a ser gobernada coma antes, no es Imperio (se pierden las Indias) y no tiene un proyecto común.

Surge la división interior: a) división política: liberales frente a absolutistas. b) división social: el capitalismo y el socialismo. c) división espiritual: la cuestión religiosa. d) división regional: los separatismos.

La crisis exterior amenaza la INDEPENDENCIA. La crisis interior, tomando como excusa la PLURALIDAD, amenaza la UNIDAD. Y en esto seguimos. La pluralidad consagrada en los Fueros y privilegios era difícil de encajar en los principios de la Ilustración, y también en el marco del Estado liberal del XIX. El problema se solucionó torpemente, y de esa herida mal cicatrizada nacieron los separatismos vasco y catalán. Los nacionalismos periféricos no son hijos del tradicionalismo, que siempre fue radicalmente español, pero aprovecharon como él las contradicciones de un Estado unitario de jure pero claudicante de facto.

La tendencia a la división es espontánea como tendencia, ante la crisis, pero es aprovechada por minorías antiespañolas. La división es fácil de explicar: la nación española, el pueblo, tiene una identidad propia y unitaria, católica en lo religioso, patriótica en lo político, comunitaria en lo social, variada en lo regional. Pero contra la voluntad nacional esas minorías construyen identidades alternativas. Esas identidades nacen de una minoría consciente de mentir. Crean poco a poco los elementos de falsas identidades, primero entre los intelectuales, después en pequeños grupos culturales, luego como alternativa social, y finalmente en política. Han trabajado a largo plazo; mienten, pero triunfan.

De 1880 a 1910, trabajaron en la sociedad y la cultura.

De 1910 a 1930, empezaron en política

De 1931 a 1939 casi triunfaron. Fueron derrotados en lo político (militarmente) pero no encontraron respuesta cultural y social.

De 1939 a 1975 fueron reprimidos políticamente, pero se toleró su trabajo social y cultural. El franquismo aceptó la idea básica (falsa) de que todo lo vasco/catalán es separatista, y por lo tanto antiespañol.

El debate no ha terminado. La ambigüedad del siglo XIX perdura jurídicamente en la Constitución, pues según A. Bonime-Blanc (Spain’s Transition to Democracy, Boulder, 1987, p. 52 - 53), el consenso constitucional español de 1978 fue “una nueva forma de negociación política [que implicó] el uso de cualquier medio necesario - secreto o público, parlamentario o extraparlamentario - para alcanzar un compromiso político”. Para algunos, en la redacción final y consensuada de la carta magna cabe desde el Estado centralista hasta una hipotética confederación de Estados soberanos.

Hoy más que nunca es necesaria una solución que respete la diversidad regional pero que no ponga en cuestión la unidad nacional. Una minoría preparada, con un objetivo claro, está imponiendo su voluntad. Hay que denunciar el intento y plantear una alternativa. La eficacia frente a ellos pasa por responder a los problemas concretos, reales, con nuestros medios: sin sueños improbables, y sin nostalgias innecesarias.

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